Devoradores de bonos
Por Andrés F. Guevara B.
Cuando las personas poco familiarizadas con el mundo financiero se les nombra la palabra “bono” es probable que lo primero que les venga a la mente sea la imagen del famoso –y presunto evasor de impuestos en su Irlanda natal– líder de la banda musical U2. En el mejor de los casos se pensará que se trata de una remuneración extraordinaria obtenida como consecuencia de la dura faena laboral.
Lejos están semejantes conjeturas de lo que implica para el gobierno venezolano la palabra bono. Y es que gracias a estos títulos de deuda la economía nacional ha logrado encontrar un respiradero para no sucumbir ante lo que a todas luces se presenta como una pésima política económica. La pregunta es: ¿Cuánto tiempo más puede seguir la República emitiendo bonos sin llevar al país al desastre?
El asunto es muy sencillo. Del mismo modo en que las compañías emiten acciones y papeles comerciales para financiar sus proyectos con base en los ingresos obtenidos por la venta de dichas emisiones, el gobierno emite bonos para financiar sus políticas, misiones y programas. El comprador del bono recibe a cambio intereses, renta o reembolso del capital dentro de un plazo determinado.
Pero la diferencia entre una emisión privada –supóngase, por ejemplo, una cadena de panaderías que emite acciones para costear un proyecto de expansión y apertura de nuevos locales– y una emisión pública es que la primera se realiza con los recursos de los particulares y son estos los que asumen los costos del endeudamiento, en tanto que la segunda incrementa el gasto público –generando más inflación– y la responsabilidad se diluye en los óleos de la burocracia funcionarial.
Es común que los gobiernos emitan deuda. Dependiendo de la solidez de sus economías, los bonos tendrán una mayor o menor valoración en los mercados internacionales. En el caso venezolano, los bonos se han convertido en un desagüe que permite drenar la sed de dólares originada por el férreo control de cambios que limita la libre convertibilidad del bolívar en moneda extranjera.
En la Venezuela actual la compra y venta de bonos está controlada por el Banco Central de Venezuela (BCV). Los títulos valores considerados como divisa están sometidos al ojo avizor del BCV, ente que todo lo ve, todo lo sabe.
Es dentro de este contexto que debe comprenderse la nueva emisión de bonos soberanos anunciada por Bloomberg, en la que Venezuela emitiría cerca de $3.000 millones de dólares estadounidenses.
¿De dónde provienen los recursos para la emisión de estos bonos? A nuestro juicio, del plan de endeudamiento adicional aprobado recientemente por el gobierno nacional por un monto de 45.000 millones de bolívares. En adición a ello debe tomarse en cuenta la reciente disminución del encaje legal por parte del BCV, medida que si bien está destinada en principio a facilitar el financiamiento de las misiones gubernamentales destinadas a la vivienda, no pudiera desestimarse la posibilidad de que el dinero que liberen los bancos vaya a la compra de deuda soberana.
Desde luego, las afirmaciones hechas se basan en meras especulaciones. Lamentablemente, el gobierno nacional ha optado por la desinformación como política imperante en relación con sus decisiones financieras. Lo que sí parece seguro –y lógico dentro del esquema de endeudamiento que se maneja– es que los bonos que se emitan tendrán un vencimiento a largo plazo, probablemente cercano al año 2030.
Nuestro razonamiento viene dado por lo siguiente: el gobierno no puede comprometer pagos en el corto plazo –entiéndase los próximos dos años– porque necesita los recursos para la campaña electoral. Desde luego que esto es un elemento criticable y condenable. ¿Usar los recursos públicos para impulsar a los candidatos del gobierno? En efecto. Pero no es esta una práctica nueva. Tampoco exclusiva de Venezuela ni del socialismo bolivariano.
Aunado al vencimiento a largo plazo cabe todavía preguntarse cuál será la denominación del bono. ¿Será pagadero en bolívares, en dólares estadounidenses? Al no haber prospecto de los títulos se desconocen los detalles. Sea cual sea la opción elegida el gobierno puede sufrir consecuencias de cuidado. Si los bonos son pagaderos en bolívares se sacrifica la liquidez de la moneda patria. Si los bonos son pagaderos en dólares estarán sometidos a tasas de interés poco convenientes para el gobierno.
En medio de este mar de incertidumbre el ciudadano de a pie y las compañías sedientas de divisas se debaten si deben comprar o no bonos. Vaya disyuntiva. ¿Proteger los escasos ahorros y contribuir al endeudamiento del país o aguantar con estoicismo la debacle venidera? Mientras estas son las diatribas que embargan el corazón de muchos, los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia aprueban otros “bonos” para su alimentación. Esos jueces sí que saben cómo endeudarse.
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Artículo publicado originalmente en la revista Guayoyo en Letras:http://www.guayoyoenletras.net/?p=13625