Saturday, August 20, 2011

Devoradores de bonos

Devoradores de bonos

Por Andrés F. Guevara B.

Cuando las personas poco familiarizadas con el mundo financiero se les nombra la palabra “bono” es probable que lo primero que les venga a la mente sea la imagen del famoso –y presunto evasor de impuestos en su Irlanda natal– líder de la banda musical U2. En el mejor de los casos se pensará que se trata de una remuneración extraordinaria obtenida como consecuencia de la dura faena laboral.

Lejos están semejantes conjeturas de lo que implica para el gobierno venezolano la palabra bono. Y es que gracias a estos títulos de deuda la economía nacional ha logrado encontrar un respiradero para no sucumbir ante lo que a todas luces se presenta como una pésima política económica. La pregunta es: ¿Cuánto tiempo más puede seguir la República emitiendo bonos sin llevar al país al desastre?
El asunto es muy sencillo. Del mismo modo en que las compañías emiten acciones y papeles comerciales para financiar sus proyectos con base en los ingresos obtenidos por la venta de dichas emisiones, el gobierno emite bonos para financiar sus políticas, misiones y programas. El comprador del bono recibe a cambio intereses, renta o reembolso del capital dentro de un plazo determinado.

Pero la diferencia entre una emisión privada –supóngase, por ejemplo, una cadena de panaderías que emite acciones para costear un proyecto de expansión y apertura de nuevos locales– y una emisión pública es que la primera se realiza con los recursos de los particulares y son estos los que asumen los costos del endeudamiento, en tanto que la segunda incrementa el gasto público –generando más inflación– y la responsabilidad se diluye en los óleos de la burocracia funcionarial.

Es común que los gobiernos emitan deuda. Dependiendo de la solidez de sus economías, los bonos tendrán una mayor o menor valoración en los mercados internacionales. En el caso venezolano, los bonos se han convertido en un desagüe que permite drenar la sed de dólares originada por el férreo control de cambios que limita la libre convertibilidad del bolívar en moneda extranjera.

En la Venezuela actual la compra y venta de bonos está controlada por el Banco Central de Venezuela (BCV). Los títulos valores considerados como divisa están sometidos al ojo avizor del BCV, ente que todo lo ve, todo lo sabe.

Es dentro de este contexto que debe comprenderse la nueva emisión de bonos soberanos anunciada por Bloomberg, en la que Venezuela emitiría cerca de $3.000 millones de dólares estadounidenses.

¿De dónde provienen los recursos para la emisión de estos bonos? A nuestro juicio, del plan de endeudamiento adicional aprobado recientemente por el gobierno nacional por un monto de 45.000 millones de bolívares. En adición a ello debe tomarse en cuenta la reciente disminución del encaje legal por parte del BCV, medida que si bien está destinada en principio a facilitar el financiamiento de las misiones gubernamentales destinadas a la vivienda, no pudiera desestimarse la posibilidad de que el dinero que liberen los bancos vaya a la compra de deuda soberana.

Desde luego, las afirmaciones hechas se basan en meras especulaciones. Lamentablemente, el gobierno nacional ha optado por la desinformación como política imperante en relación con sus decisiones financieras. Lo que sí parece seguro –y lógico dentro del esquema de endeudamiento que se maneja– es que los bonos que se emitan tendrán un vencimiento a largo plazo, probablemente cercano al año 2030.

Nuestro razonamiento viene dado por lo siguiente: el gobierno no puede comprometer pagos en el corto plazo –entiéndase los próximos dos años– porque necesita los recursos para la campaña electoral. Desde luego que esto es un elemento criticable y condenable. ¿Usar los recursos públicos para impulsar a los candidatos del gobierno? En efecto. Pero no es esta una práctica nueva. Tampoco exclusiva de Venezuela ni del socialismo bolivariano.

Aunado al vencimiento a largo plazo cabe todavía preguntarse cuál será la denominación del bono. ¿Será pagadero en bolívares, en dólares estadounidenses? Al no haber prospecto de los títulos se desconocen los detalles. Sea cual sea la opción elegida el gobierno puede sufrir consecuencias de cuidado. Si los bonos son pagaderos en bolívares se sacrifica la liquidez de la moneda patria. Si los bonos son pagaderos en dólares estarán sometidos a tasas de interés poco convenientes para el gobierno.

En medio de este mar de incertidumbre el ciudadano de a pie y las compañías sedientas de divisas se debaten si deben comprar o no bonos. Vaya disyuntiva. ¿Proteger los escasos ahorros y contribuir al endeudamiento del país o aguantar con estoicismo la debacle venidera? Mientras estas son las diatribas que embargan el corazón de muchos, los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia aprueban otros “bonos” para su alimentación. Esos jueces sí que saben cómo endeudarse.
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Artículo publicado originalmente en la revista Guayoyo en Letras:http://www.guayoyoenletras.net/?p=13625

Tuesday, August 09, 2011

El dilema del banquero

Por Andrés F. Guevara B.

Desde tiempos inmemoriales los banqueros no han gozado de buena fama en la sociedad. Basta balbucear la palabra "banquero" y lo primero que viene a la mente es un señor regordete que se hace millonario con el dinero de los demás, mientras aspira un puro y ondea su sombrero de copa por las aceras de Wall Street.

Esta imagen negativa ha permitido que el sector financiero constituya una de las áreas que más se ha visto afectada con el marco regulatorio desarrollado por el Gobierno venezolano. Y es que en menos de dos años las normas que regulan a los bancos y otras instituciones financieras, se han modificado una y otra vez con un solo objetivo: supuestamente hacer de los bancos organizaciones más justas, solidarias, tendientes al bien común.

Quienes promueven la existencia de esta banca "humanizada" desconocen que las instituciones financieras no pueden funcionar a cabalidad bajo el yugo de las leyes socialistas. El ataque injusto que reciben los banqueros por el hecho de acumular y crear riqueza, es el mismo que sufren los empresarios y cualquier otro emprendedor por el hecho de atreverse a prosperar e innovar.

En el caso de los bancos, sin embargo, la artillería retórica de la izquierda va mucho más allá. Ataca sin piedad a un punto neurálgico: el ahorro. Al contrario de lo que receta la brujería igualitarista y redentora, solo con la acumulación de capital es que se hace posible alcanzar el desarrollo. Como señala Von Mises, "el ahorro constituye la fuente única de capital". Si solo se consume se imposibilita la formación de capital.

Pero el ahorro no se realiza debajo de la cama o enterrando cobres cual tesoro en el jardín. El ahorro se gesta en los bancos y en el mercado de capitales. Es allí donde el ahorro crece, se expande y les confiere a los ahorristas la posibilidad de emprender proyectos, sueños, aspiraciones propias de todo individuo en sociedad.

La banca, de este modo, otorga a los ciudadanos un reconocimiento ante el mundo que difícilmente se logra en otros espacios. Cada persona que realiza operaciones bancarias forma parte de un ensamblaje institucional que le permite acceder a condiciones de civilización que décadas atrás habrían sido impensables. ¿Podía un campesino soviético acceder a un crédito para constituir un negocio? ¿Podía un joven universitario obtener su primera tarjeta de crédito?

Partiendo de la idea según la cual nos desenvolvemos en un orden espontáneo, cada uno de los intercambios que se desarrollan en la sociedad obedecen a una serie de elementos que difícilmente podrán ser regulados, ponderados y previstos por la autoridad planificadora. El poder del ahorro, en este sentido, debe venir acompañado de la maximización de las libertades económicas. En un clima hostil a la libertad, difícilmente los bancos podrán realizar sus operaciones de intermediación financiera de forma tal que todos se beneficien.

Con ello no se quiere llegar al lugar común de quienes atacan la cultura liberal señalando, sin más, que no deben existir regulaciones bancarias. El tema fundamental es qué debe regularse y cómo regularse. Una banca hiper regulada y amordazada está condenada a desaparecer. No puede llegarse al extremo acaecido en Venezuela durante el bienio 2010-2011, período en el cual la Ley General de Bancos y Otras Instituciones Financieras -hoy Ley de Instituciones del Sector Bancario- se ha modificado, hasta la fecha, tres veces, y ya en el corro financiero se habla de una nueva enmienda.

La nueva norma, tendiente a instaurar el incierto concepto de "banca pública", probablemente será un fracaso. Al igual que casi todas las decisiones de política económica desarrolladas por el socialismo bolivariano tiene un enorme defecto: la desconfianza.

La verdadera democratización del capital no vendrá del vaivén antojadizo del dedo de un burócrata, sino de la libre iniciativa auspiciada por los banqueros y su valiosa labor hoy sometida al escarnio. En la medida que nos despojemos de prejuicios sustentados en simplificaciones falaces seremos capaces de alcanzar una sociedad libre.

Como dijo Carlos Rangel: "Tenemos la posibilidad de vivir una sociedad reconciliada consigo misma y con su situación relativa en el mundo como algo no perfecto". Dejemos a un lado la pauperización de las ideas, conducentes al fracaso y la servidumbre. Invirtamos nuestro tiempo y esfuerzo en esta cruzada. Rescatemos el valor de la libertad. Por Venezuela, es una tarea que todos estamos llamados a cumplir. 
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Artículo originalemente publicado en El Universal - disponible en: