El centro no existe
Por Andrés F. Guevara B.
Entre derechistas e izquierdistas nada hay oculto bajo el sol. Epítetos, calificativos, desprecio, desestimación. El fragor de la contienda política caldea los ánimos y la irracionalidad se adueña del discurso. Se revela el homo politicus, inherente a nuestra especie.
La mezcolanza, la confusión, hacen surgir las voces de los moderados. Ni izquierda, ni derecha. “Soy de centro”, confiesan. Basta de los excesos, de las ideologías. El descontrol de las ideas. Cual buda en la cúspide del noble óctuple sendero, aseguran el logro de un equilibrio en su actuación política.
Ante semejante afirmación, conviene analizar hasta qué punto es viable que una persona sea de centro, sin más.
Lo primero que hay que señalar es que centro no equivale a pragmatismo. Tampoco se asemeja a tomar lo mejor de la derecha y de la izquierda. Eso sería eclecticismo, conducta que tendría como mayor virtud la conciliación de doctrinas opuestas. En esta postura intermedia, el individuo se convertiría en una especie de ciudadano new age de la práctica política.
La realidad indica que el conciliador busca la objetividad. Pero el ser objetivo –si es que alguna vez se logra– no conduce a la renuncia de nuestros principios. A lo sumo se logra un distanciamiento temporal para solventar alguna coyuntura.
Este planteamiento lleva a un nuevo problema: qué se entiende por derecha y por izquierda. Los términos no dejan de ser difusos y los significados que engloban dependerán de las circunstancias sociopolíticas e históricas de cada Estado. La misma confusión se plantearía entre las definiciones de liberales y conservadores que, incluso en la misma latinoamérica, tiene acepciones distintas en cada uno de los países de la región.
De forma tal que no se puede ser de centro si no se sabe lo que representa la izquierda y la derecha.
La mejor manera, aunque nunca perfecta, de acercarse al estudio de las posturas políticas consiste en dividir el análisis en cuatro cuadrantes: aunada a la tradicional distinción de izquierda y derecha, habría que agregar la distinción entre la soberanía colectiva y la libertad individual.
Una simplificación de los cuadrantes pudiera resumirse en el binomio socialismo y liberalismo. Como toda simplificación, no obstante, se corre el riesgo de dejar a un lado los múltiples matices del pensamiento humano. Luce razonable, sin embargo, plantear la lucha de la política moderna entre la intervención del Estado y la preeminencia de las libertades del individuo.
Se concluye que una postura centrista, por muy sólida que se presente en apariencia, no será absoluta. Siempre habrá, de alguna forma u otra, algún influjo de socialismo o conservadurismo en la visión política de los ciudadanos.
Este acercamiento se traduce en la desmitificación de muchos gobernantes catalogados de “centro” y cuyas gestiones, al menos para la opinión pública y los medios de comunicación, fueron consideradas exitosas. Tal es el caso de Luiz Inácio Lula da Silva, mandatario brasileño, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, ambos ex presidentes de Chile.
En modo alguno puede considerarse este trío como personajes centristas. Sus raíces ideológicas se encuentran cercanas al socialismo. Cada cual con su propia formación ideológica y su propio andar en la política. Desde los comienzos en el mundo sindical hasta la pediatría.
Semejante esclarecimiento de la teoría política debe conducir a la eliminación de los lugares comunes. Un acercamiento más rico, profundo y amplio a los fundamentos de esta disciplina no sólo ayudará a la claridad de los conceptos. Conducirá a su vez a una elevación del discurso político, tan golpeado en nuestra latitud.
En la medida que se rescate la dignidad de la política, mayor será la probidad de los estadistas.
En una carta dirigida a Alfonso Reyes, Mariano Picón-Salas, uno de los más grandes ensayistas venezolanos expresó su inquietud: “Hay que vencer cierto comunismo criollo, fanático y sin análisis, con una decidida política económica que capte o interese en su esfuerzo a todos los hombres inteligentes. El hecho es que la sociedad capitalista no nos produce el menor crédito y el menor entusiasmo. Pero el materialismo comunista, el abstracto racionalismo marxista, no parece tampoco una solución para estas gentes intuitivas, en el fondo espiritualistas, de nuestra raza” .
No era Picón-Salas un liberal. Pero cuánto de verdad hoy día tienen sus palabras.
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Referencias bibliográficas
1) Ver Gregory Zambrano, Odiseos sin reposo. Mariano Picón-Salas y Alfonso Reyes (Correspodencia 1927-1959), Fundación Casa de las Letras “Mariano Picón-Salas”, Consejo Nacional de la Cultura, 2001, p.41
Nota: este artículo se publicó en originalmente en la revista Guayoyo en letras el día 17 -10-2010.