Saturday, October 30, 2010

El centro no existe

El centro no existe

Por Andrés F. Guevara B.

Entre derechistas e izquierdistas nada hay oculto bajo el sol. Epítetos, calificativos, desprecio, desestimación. El fragor de la contienda política caldea los ánimos y la irracionalidad se adueña del discurso. Se revela el homo politicus, inherente a nuestra especie.

La mezcolanza, la confusión, hacen surgir las voces de los moderados. Ni izquierda, ni derecha. “Soy de centro”, confiesan. Basta de los excesos, de las ideologías. El descontrol de las ideas. Cual buda en la cúspide del noble óctuple sendero, aseguran el logro de un equilibrio en su actuación política.

Ante semejante afirmación, conviene analizar hasta qué punto es viable que una persona sea de centro, sin más.

Lo primero que hay que señalar es que centro no equivale a pragmatismo. Tampoco se asemeja a tomar lo mejor de la derecha y de la izquierda. Eso sería eclecticismo, conducta que tendría como mayor virtud la conciliación de doctrinas opuestas. En esta postura intermedia, el individuo se convertiría en una especie de ciudadano new age de la práctica política.

La realidad indica que el conciliador busca la objetividad. Pero el ser objetivo –si es que alguna vez se logra– no conduce a la renuncia de nuestros principios. A lo sumo se logra un distanciamiento temporal para solventar alguna coyuntura.

Este planteamiento lleva a un nuevo problema: qué se entiende por derecha y por izquierda. Los términos no dejan de ser difusos y los significados que engloban dependerán de las circunstancias sociopolíticas e históricas de cada Estado. La misma confusión se plantearía entre las definiciones de liberales y conservadores que, incluso en la misma latinoamérica, tiene acepciones distintas en cada uno de los países de la región.

De forma tal que no se puede ser de centro si no se sabe lo que representa la izquierda y la derecha.

La mejor manera, aunque nunca perfecta, de acercarse al estudio de las posturas políticas consiste en dividir el análisis en cuatro cuadrantes: aunada a la tradicional distinción de izquierda y derecha, habría que agregar la distinción entre la soberanía colectiva y la libertad individual.

Una simplificación de los cuadrantes pudiera resumirse en el binomio socialismo y liberalismo. Como toda simplificación, no obstante, se corre el riesgo de dejar a un lado los múltiples matices del pensamiento humano. Luce razonable, sin embargo, plantear la lucha de la política moderna entre la intervención del Estado y la preeminencia de las libertades del individuo.

Se concluye que una postura centrista, por muy sólida que se presente en apariencia, no será absoluta. Siempre habrá, de alguna forma u otra, algún influjo de socialismo o conservadurismo en la visión política de los ciudadanos.

Este acercamiento se traduce en la desmitificación de muchos gobernantes catalogados de “centro” y cuyas gestiones, al menos para la opinión pública y los medios de comunicación, fueron consideradas exitosas. Tal es el caso de Luiz Inácio Lula da Silva, mandatario brasileño, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, ambos ex presidentes de Chile.

En modo alguno puede considerarse este trío como personajes centristas. Sus raíces ideológicas se encuentran cercanas al socialismo. Cada cual con su propia formación ideológica y su propio andar en la política. Desde los comienzos en el mundo sindical hasta la pediatría.

Semejante esclarecimiento de la teoría política debe conducir a la eliminación de los lugares comunes. Un acercamiento más rico, profundo y amplio a los fundamentos de esta disciplina no sólo ayudará a la claridad de los conceptos. Conducirá a su vez a una elevación del discurso político, tan golpeado en nuestra latitud.
En la medida que se rescate la dignidad de la política, mayor será la probidad de los estadistas.

En una carta dirigida a Alfonso Reyes, Mariano Picón-Salas, uno de los más grandes ensayistas venezolanos expresó su inquietud: “Hay que vencer cierto comunismo criollo, fanático y sin análisis, con una decidida política económica que capte o interese en su esfuerzo a todos los hombres inteligentes. El hecho es que la sociedad capitalista no nos produce el menor crédito y el menor entusiasmo. Pero el materialismo comunista, el abstracto racionalismo marxista, no parece tampoco una solución para estas gentes intuitivas, en el fondo espiritualistas, de nuestra raza” .

No era Picón-Salas un liberal. Pero cuánto de verdad hoy día tienen sus palabras.

---
Referencias bibliográficas

1) Ver Gregory Zambrano, Odiseos sin reposo. Mariano Picón-Salas y Alfonso Reyes (Correspodencia 1927-1959), Fundación Casa de las Letras “Mariano Picón-Salas”, Consejo Nacional de la Cultura, 2001, p.41

Nota: este artículo se publicó en originalmente en la revista Guayoyo en letras el día 17 -10-2010.

Sunday, October 17, 2010

Pentágono de soluciones

Pentágono de soluciones

Por Andrés F. Guevara B.

En nuestra última entrega hicimos un breve repaso de la política exterior venezolana desde 1958. Se concluyó que las decisiones del Estado no habían sido las más afortunadas y que de una manera u otra, la diplomacia criolla se ha caracterizado por una intervención discrecional y caprichosa del Poder Ejecutivo Nacional.

Frente a esta situación, es útil preguntarse cuáles deberían ser los lineamientos de la política exterior venezolana para que, a futuro, se eliminen los males descritos y se logre una diplomacia de altura.

A continuación enumeramos los cinco aspectos que inexorablemente deben ser modificados para alcanzar los objetivos propuestos.

1. Eliminación del fanatismo político: todo individuo posee derecho de tener una ideología. Es lógico, a su vez, que las decisiones de los gobiernos se fundamenten en las ideas que conforman el pensamiento político de sus dirigentes. Cuando esas ideas se transforman en un dogma inflexible conducente al fracaso, es necesario plantearse hasta qué punto se pueden mantener las convicciones por encima del bienestar de los ciudadanos.

2. Profesionalización del servicio exterior: la educación es el pilar fundamental del desarrollo. Es necesario que las personas que conforman el servicio exterior sean formados para su tarea. La credencial de un diplomático no puede ser su apoyo irrestricto a un proyecto político. El conocimiento de las relaciones internacionales, economía, geopolítica, idiomas, artes liberales, aunado al valor de la meritocracia y el respeto a los escalafones de una carrera cuya cúspide se alcanza después de una ardua labor, deben sustituir el compadrazgo y la mediocridad.

3. Reconocimiento de los organismos internacionales: el pensamiento colectivista se ha encargado de destruir sistemáticamente las columnas de occidente. El tribalismo fomenta la comuna, el primitivismo, los pueblos nómadas en detrimento de los asentamientos perdurables. Esta visión del rebelde “no alineado”, cual bad boy de los Detroit Pistons a finales de 1980 no conduce a resultados productivos. Más que calificar a los organismos internacionales como instrumentos imperialistas, la diplomacia venezolana debe obrar de forma tal que su desempeño en las instituciones globales se traduzca en prestigio y riqueza para el país.

4. Sinceridad de lo que es Venezuela: inculcada la retórica populista según la cual Venezuela es un país rico cuyos recursos están mal redistribuidos, la política exterior se ha enfocado en emplear los petrodólares para financiar los delirios de un Estado que se ve a sí mismo como una potencia cuando menos continental. La dirigencia política debe comprender que Venezuela es un país pobre, cuya trascendencia mundial no es la que se quiere aparentar. Su cometido principal no debe ser la figuración de quinceañera sino el aprovechamiento de los recursos dispuestos por la comunidad internacional para alcanzar el desarrollo.

5. Retorno a los mercados y aliados naturales: la globalización modifica el modo en que se gestan las relaciones internacionales. El pragmatismo debe conducir al Estado venezolano a relacionarse con países en los que anteriormente sólo un expedicionario hubiese posado sus pies. Pero este acercamiento no puede ir en detrimento del fortalecimiento de sus relaciones con dos buenos amigos del hemisferio: Estados Unidos y Colombia. Más allá de las diferencias puntuales entre los gobiernos de turno, estas dos naciones poseen una tradición histórica y comercial que no puede ser desechada en nombre de una cruzada heroica sacada de los vetustos manuales del izquierdismo latinoamericano.

Las soluciones propuestas tienen como eje transversal el respeto a la Constitución de 1999, los tratados internacionales ratificados por la República (especialmente los relacioandos con derechos humanos y las libertades civiles y políticas) y la imperativa reforma de las regulaciones que conforman la administración de la política exterior venezolana.

Si se observan con detenimiento, las recomendaciones propuestas para la mejora de la diplomacia venezolana calzan perfectamente para la superación de los escollos de la política interna. Sensatez, educación, mesura, disciplina fiscal, son condiciones que todo buen gobernante debe poseer. Al mejor estilo de los aforismos de un gurú espiritual se desprende una clara lección: sólo si se está bien consigo mismo, se puede estar bien con los demás.

El estamento aplica para la política exterior y las relaciones internacionales.
---
Nota: este artículo se publicó en originalmente en la revista Guayoyo en letras el día 12 -10-2010.