Sunday, June 20, 2010

Nos lo merecemos

Nos lo merecemos

“Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad”.
Benjamin Franklin

Por Andrés F. Guevara B.

Parto de una triste premisa: los venezolanos no nos merecemos la libertad. Y es que en un pseudo-Estado como lo es la Venezuela creada por el socialismo bolivariano, poco o nada se ha hecho por defender el sacro valor libertario del cual hago mención.

Existen acérrimos críticos del socialismo bolivariano. Corrijo. Existen acérrimos críticos del Presidente de la República. Personas que día y noche lo critican. Que si el presidente es un ignorante, un parlanchín, un don regalón continental.

Sorprendentemente, ese señor, tan mentado y criticado, se ha superpuesto a las mentes más lúcidas de la intelectualidad venezolana. Ningún análisis ha logrado explicar cómo el “ignorante” lleva más de una década en el poder.

El problema, a nuestro juicio, yace en el hecho de que se critica al hombre pero no al sistema. El chavezcentrismo de la opinión pública ha dejado a un lado la columna vertebral de la crisis: la evidencia histórica que demuestra que el socialismo, en cualquiera de sus vertientes, condenará al fracaso y la miseria a los pueblos que lo adopten como sistema de gobierno.

El chavezcentrismo obedece a una dura realidad. En la actualidad, la mayoría de las fuerzas políticas venezolanas son socialistas. Durante más de sesenta años, tanto los partidos políticos como el electorado han adoptado como sustrato de sus gobiernos ideas de la socialdemocracia, el socialcristianismo y, de data más reciente, el comunismo.

Frente a esta gama de opciones, quienes pugnan por el poder no pueden renegar de sus propias ideas. Por ello claman que lo de Chávez no es socialismo, que el verdadero socialismo es lo que se observa en los países europeos, teniendo a Suecia y España como parangón del ensueño.

Existe un terrible cliché según el cual la mayoría de los intelectuales son de izquierda. La imagen del crítico del establisment que, anidado en sus conocimientos y aires de inefabilidad, aboga por un mundo más “justo”. Son estos intelectuales los que han creado la idea de que existen dos izquierdas, y que el mundo debe moverse hacia el campo de esa izquierda moderada del cual ellos forman parte.

Han sido estos intelectuales quienes han legitimado el discurso del socialismo bolivariano. Conscientes o no, cada vez que señalan que lo malo es el “plan” empleado, que debe usarse otro “plan” distinto, que el Estado debe ser el garante primordial de la salud, la educación, el derecho al trabajo, los derechos sociales y un sinfín de lugares comunes, los intelectuales del progresismo legitiman la estructura de poder bolivariana.

Si ha habido un campeón del estatismo, ese ha sido el Presidente de la República. Pero su estatismo no vino de la nada. Tiene éxito porque la población lo secunda. Cual dogma de fe, hoy parece incuestionable que el Estado “social” intervenga en áreas neurálgicas de la vida del individuo.

Una sutileza semántica. Pero detrás del discurso de los intelectuales se esconden los enemigos de la libertad.

Es lamentable que sea en los círculos profesionales, académicos y culturales en los que estas ideas tienen mayor profusión. Tras la preparación de estos hombres educados, se esconde la fatal arrogancia (Hayek) de creer que gracias a su intervención la nación será salvada de su destino aciago. Pareciera que a mayor grado de cultura, mayor es el grado de creencia en un gran gobierno dentro de la intelectualidad venezolana.

Si después de sesenta años de estatismo las personas más preparadas de Venezuela siguen pensando que el intervencionismo es la solución, ¿qué esperanza queda?

Dentro de la “élite” venezolana, casi ninguna. Sus privilegios, obtenidos como consecuencia de su cercanía al Estado, difícilmente harán que se separen de su concepción estatista. Ligarán a los dioses que sucumba la revolución bolivariana para erguirse sobre sus escombros como otra dirigencia planificadora. En el interludio, mientras se pueda, a sobrevivir como colaboracionistas.

El único resquicio de luz tal vez resida en los más pobres. Son ellos quienes sienten de forma descarnada el poder del Estado. Los pobres son los que sufren las consecuencias del estatismo. Si se logra asentar en los estratos más bajos la idea de libertad, del emprendimiento sobre el subsidio, de la creación sobre la distribución, de la responsabilidad sobre la dádiva, es posible que se quiebre el ideario del estamento progresista.

Se trata de una tarea compleja. Revertir un discurso instaurado por décadas y, de paso, secundado mayoritariamente por quienes tienen el poder de difundir ideas. Nos aferramos a una consigna de Bastiat: “Los planes difieren, los planificadores son todos iguales”. No seamos cómplices de tiranos soterrados.

Thursday, June 10, 2010

Founding Fathers en español



Ron Paul es, sin lugar a dudas, una de las pocas representaciones del espíritu libertario en el establishment de la política norteamericana. Frente a los estatistas demócratas y los dirigistas neoconservadores del partido republicano (al final la misma vocación planificadora) Ron se muestra como una persona preocupada por rescatar los valores de los padres fundadores de Estados Unidos. Valores que todo hombre interesado por la noción de "república" debería difundir. Sin importar su lugar de origen.


Sunday, June 06, 2010

La Casa del Espejo

La Casa del Espejo

Y si no te portas bien, te llevaré a la Casa del Espejo. ¿No te gustaría, verdad?
Alicia. A través del Espejo

Por Andrés F. Guevara B.

Venezuela padece un sistema de gobierno comunista. Entiéndase bien: c-o-m-u-n-i-s-t-a. Atrás quedó el discurso socialista que tanta pleitesía genera en los círculos moderados, teodoristas y socialdemócratas, los cuales en más de una ocasión aseguraron sin ambages que en el fondo Chávez decía cosas que eran ciertas, pero que el gobierno bolivariano “abordaba los problemas de la manera equivocada”.

No es momento de exponer por qué el socialismo, en cualquiera de sus corrientes, matices y adjetivos está destinado al fracaso y la mentira.

Lo que resulta inequívoco es que un gobierno como el socialista bolivariano, relativista y amoral, fundamentado en una estructura filosófica falaz (marxismo) no tiene ni un ápice de respeto por la verdad, el honor y la probidad. No es una mera abstracción. Se trata de valores y principios concretos que inciden en la vida de cada venezolano.

La justicia “revolucionaria” constituye la máxima expresión de esta tragedia.

Esta semana, el líder del socialismo bolivariano le dijo a Lorenzo Mendoza, presidente de Empresas Polar, que se viese “en el espejo de una cosa llamada RCTV que ya no existe”. En efecto, RCTV ya no existe. Pero, ¿por qué no existe?

El fundamento jurídico del cierre de RCTV fue la “no renovación” de una concesión para el uso del espacio radioeléctrico. En virtud de este cese, la administración destinó el espacio radioeléctrico a una televisora social (TVES) alegando que la existencia de dicha estación se debía a una causa de utilidad pública.

El pisoteo del individuo por el Estado en nombre de una ambigüedad semántica. La indeterminación versus la libertad.

No existen límites para la irracionalidad. Salvo el delirio, ¿de qué forma pudiera equipararse el destino de una compañía de alimentos y cerveza con el de un canal de televisión? Es decir, ¿cómo pudiera justificarse el cierre de Polar en aplicación de las mismas razones que dieron fin a RCTV?

En un sistema de gobierno cuya administración de justicia fuese justa esto sería impensable. Pero no se vive en un sistema justo. No es un secreto. Lo doloroso es observar cómo el titular del Poder Ejecutivo Nacional sin tapujos reconoce que la legalidad es un espejismo y que al final del camino son sus antojos, caprichos, deseos y malcriadeces las que deciden el destino de los ciudadanos. Una suerte de Harvey “Dos Caras” cuya moneda amañada dictamina lo que es justo.

En La República de Platón, Simónides delimita a la perfección el proceder del gobierno bolivariano, cuando llama justicia “el hacer bien a los amigos y daño a los enemigos”. Sólo bajo esta concepción de justicia es que es posible entender la dialéctica revolucionaria: RCTV, Polar y cualquier otro instrumento de la burguesía son “mis enemigos”. En consecuencia, hay que hacerles daño. Y qué mayor daño que su desaparición a través de la guerra.

Un guerrero no puede ser juez. Las armas nublan la razón y destierran a la equidad. Los “enemigos” de la revolución comunista, al igual que Sócrates en su Apología, se verán forzados a luchar contra las sombras y responder a todo sin poder hacer una sola pregunta.

Ante este descalabro, Venezuela está urgida de rescatar sus valores republicanos, su apego a la ley. James Madison señaló que un gobierno popular (“democrático”) carente de la conciencia de sus propios fundamentos no es más que el prólogo de una farsa, o de una tragedia. Tal vez de las dos.

Venezuela se asemeja a la Casa del Espejo que Alicia, junto con su gatito, avizora en su imaginación. Parece una República, la única diferencia es que las cosas están al revés. ¿Y la cordura? De viaje, en un agujero negro sin fondo.

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Crédito de la imagen: John Tenniel