Monday, May 31, 2010

La esfera del poder

La esfera del poder

“Sé de memoria los sitios,
Que dan vigencia al recuerdo”

Por Andrés F. Guevara B.

Venezuela ha sido un país tradicionalmente pepsicolero. Distinción poco usual, puesto que la principal competidora de Pepsi, Coca-Cola, es considerada por muchos como la primera compañía de refrescos en el mundo y un titán publicitario.

No es que Coca-Cola y los demás refrescos no tengan una porción importante del mercado venezolano. Esos datos los manejan con precisión los publicistas, creativos y los profesionales en investigación de mercadeo.

Pero cuando se habla de Pepsi en Venezuela, se trasciende a la bebida y se llega al umbral de la memoria ciudadana. Por razones propias de la singularidad de nuestro país, la vida del venezolano se acompaña de Pepsi del mismo modo que ha estado rodeada de marcas tradicionales: Toddy, Fama de América, Savoy, Galletas María Puig, Maizina Americana.

Sería grato recordar las experiencias que cada individuo ha vivido alrededor de estas marcas. Sí, marcas. Y todo lo que ellas implican: consumo, dinero, mercadeo, capital, intercambio de bienes y servicios con un sistema de precios. Lamentablemente no es así. No se puede alumbrar un recuerdo cuando su origen está amenazado.

En una nota de prensa de la agencia ABN, se informó que la Alcaldía de Caracas –seguidora de los dictámenes del socialismo bolivariano– ratificó la orden de remoción del “Globo Pepsi”, ubicado en la torre Polar de Plaza Venezuela.

La alcaldía motivó su decisión en virtud de que presuntamente el “Globo Pepsi” no cumple con las normas de arquitectura y municipalidad vigentes.

No hay que ser un genio para comprender cuál es el problema de fondo. El gobierno bolivariano, con base en un argumento leguleyo, pretende eliminar otra manifestación del “sistema capitalista mundial”; lo que equivale a suprimir los restos que aún subsisten del Estado de Derecho y las libertades individuales.

El gobierno sabe que una revolución implica socavar las bases del régimen anterior para construir un nuevo orden. Tabla rasa rousseauniana. En este contexto, la posibilidad de que los ciudadanos puedan ver el “Globo Pepsi” en la cúspide de un edificio representa una amenaza.

La tragedia del comunismo en ciernes es que su final se sabe de antemano. Pobreza, ignorancia y brutalidad. Ese es el Producto Interno Bruto comunista. Su legado.

Pepsi, transnacional norteamericana ligada a Empresas Polar, la compañía privada más grande de Venezuela, constituyen la punta de lanza de aquello que más aborrece el comunismo: emprendimiento, libre iniciativa, superación del individuo por sí mismo sin los mendrugos del Estado.

Sumido en la miseria, no tardará el venezolano en recordar otros tiempos. Etapas de su vida en las que ver una novela criolla en horario prime time no equivalía a buscar agua en el desierto. Períodos en los que la harina no era un lujo en el anaquel y la posibilidad de ver resultados de elecciones no dependían de boletines oficiales del Estado.

Esas imágenes se resguardan en la memoria. Permanecen allí. Anidadas. Latentes. Pero la maquinaria gubernamental no descansará hasta sepultarlas para luego hacer brillar la clásica iconografía de izquierda.

Pero seamos justos. Asumamos la postura contraria. Supongamos que el “Globo Pepsi” incumplió las normas de la Alcaldía. Incluso en este caso, la medida es irracional. A Pepsi se le debe garantizar el derecho a la defensa, al debido proceso. La posibilidad de ir a tribunales y solicitar un amparo para que la materialización del acto administrativo no cree un perjuicio para la compañía. En el peor de los escenarios, si se llegase a demostrar que la administración tenía razón, habría que evaluar si existe una responsabilidad patrimonial del Estado por los daños infringidos a Pepsi.

Parecen cosas de ensueño. La justicia en Venezuela se fue de parranda. El Globo Pepsi es mucho más que latón pintado de colores. Refleja nuestro arco iris de miseria.

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Crédito de Fotografía: Guillermo Ramos Flamerich

Wednesday, May 26, 2010

Las realidades de Arizona

Leo un interesante artículo de Jeffrey A. Miron, profesor de Harvard y académico del Cato Institute, en el que plantea alternativas frente al problema migratorio en Estados Unidos. El artículo, titulado Las realidades detrás del debate acerca de la inmigración, incluye como principales propuestas:

  1. Permitir más inmigración legal.
  2. Expandir el libre comercio entre Estados Unidos y los países latinoamericanos.
  3. Reducir intensidad de la guerra contra las drogas. Escenario ideal: su legalización.
  4. Reducir el Estado de Bienestar en Estados Unidos.
Finalmente, concluye Miron, la nueva ley de Arizona, como todo control pertinaz, sólo generará más violencia, corrupción y costos económicos. Los inmigrantes ilegales seguirán ahí. Latentes en la pobreza. 

Sunday, May 23, 2010

A la caza de los bolsas

A la caza de los bolsas

-Yo: ¿Crees que te afecten las restricciones del mercado “pemuta”?
-Estudiante de Derecho Ucab: No, para nada. Yo nunca compro dólares por ahí.

Por Andrés. F. Guevara B.

El gobierno socialista, cual caballero medieval, emprendió su cruzada contra el “mercado permuta”. Juró, por los más sublimes valores revolucionarios, que no descansaría hasta ver sepultado en el averno el maná de donde surgen las divisas “paralelas” en Venezuela.

La primera pregunta que habría que hacerse es por qué existe un mercado paralelo de divisas. La respuesta es obvia: porque existe un control de cambios. Muy bien, ¿y por qué existe un control de cambios? “Porque era necesario”, aseguran los bolivarianos (y más de un opositor). “De lo contrario, la economía se descalabraría por la fuga de capitales”.

¿Y por qué se da la fuga de capitales? Porque no hay seguridad jurídica, no hay confianza. En fin, no hay libertad. Ese es el problema de fondo.

Por un momento, hagamos abstracción de las cifras, estadísticas e indicadores del problema cambiario y aproximémonos a su dimensión filosófica. ¿Cuáles son las razones que sustentan la política monetaria del socialismo bolivariano?

El gobierno tiene una necesidad asfixiante de controlar la vida de los individuos. Sólo así podrá imponer su cosmología del mundo: el colectivismo, el retorno a lo tribal, la redención del buen salvaje por encima de los valores del Estado de Derecho erguido por la civilización occidental.

El Banco Central de Venezuela (Estado) es el que tiene el control de la emisión de bolívares. Al mismo tiempo, posee el monopolio (sí, monopolio) de la compra-venta “lícita” de dólares estadounidenses y cualquier otra divisa extranjera en el país, tal y como lo establece el ordenamiento jurídico vigente.

En la práctica, a riesgo de una simplificación grosera, consideramos que el dinero es crucial porque gracias a él adquirimos bienes y servicios. Valga decir, nos hacemos propietarios. Y, parafraseando a Hayek, sólo a través de la propiedad el hombre llega a ser libre.

Ergo, si el gobierno controla la cantidad de dinero que hay en el país, al mismo tiempo regula la cantidad de bienes y servicios (propiedad) que habrá en Venezuela. El individuo propietario representa emprendimiento, creación, libre iniciativa. Un sujeto carente de propiedad, por el contrario, es sumiso, maleable, fácilmente manipulable en virtud de que no tiene recursos, fuerza ni poder para oponerse a los dictámenes de quienes sí la poseen. En este caso, el Estado.

El “dólar permuta” es una anomalía del mercado de capitales. Anomalía que fue creada por el mismo legislador (Estado) y que aún teniendo conocimiento de sus daños para la sociedad permitió su existencia de manera cómplice durante años. La misma regulación que originó el control de cambios fue la que desarrolló la holgazanería de los stockbrokers venezolanos.

No es este el espacio para explicar con detalle el funcionamiento del “mercado permuta”, mas sí para enfatizar que con nuevas regulaciones y más controles no se solucionará el problema cambiario en Venezuela. Al contrario, se agravará. Y con su recrudecimiento, los ciudadanos serán menos libres, porque al dificultarse el acceso a la divisa, habrá menos propiedad (alimentos, medicinas, repuestos, servicios básicos) y más prácticas desleales como consecuencia de la desinformación imperante.

Lamentablemente, existe la percepción de que las restricciones del mercado permuta sólo afectarán a las personas del mundillo financiero, al puñado de permuteros y sujetos relacionados con las casas de bolsas, las sociedades de corretaje y prácticas afines al mercado de capitales. No es así. La divisa estadounidense es la savia que permite que la economía venezolana tenga vida. Al mermar una, inexorablemente se verá afectada la otra.

Al decrecer la economía, Venezuela será más pobre. Ese es el quid del comunismo. Porque cuanto más pobres sean los ciudadanos más fácil será su control por parte del Estado. Los animales hambrientos, al no conseguir comida por su cuenta, no tienen más opción que conformarse con las migajas y restos que les arroja el dueño del zoológico.

Desde nuestra perspectiva, existe una solución muy concreta para erradicar el problema cambiario en Venezuela: eliminar el control de cambios y, de forma concomitante, adoptar como moneda nacional el dólar estadounidense.

Estamos conscientes de que en un gobierno como el socialista bolivariano dicha propuesta no será escuchada. Primero, porque eliminar el control de cambios haría a los venezolanos más libres. Y, en segundo lugar, porque adoptar una moneda extranjera equivaldría a un gesto apátrida, de traición a nuestra soberanía, máxime cuando esa moneda proviene de una civilización imperial odiada, pero que, curiosamente, es la que nos da de comer. ¿Contradictorio? ¿Y qué no lo es en el socialismo?

Sunday, May 09, 2010

La metralla de Coromoto

La metralla de Coromoto


"Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero"
Pío XI
Por Andrés F. Guevara B.

La izquierda se ha encargado de generar su propia iconografía. El rostro del Che Guevara, alegoría de lo que debe ser un verdadero revolucionario, colma los anaqueles del mundo. Su cara es la protagonista de franelas, tazas, calcomanías, pines, morrales y cuanto producto sea susceptible de portar el retrato del guerrillero.

Curiosamente, quienes consumen los bienes del Che, legitiman la estructura del capitalismo. Existe una demanda de productos, un mercado en el cual encontrarlos, un sistema de precios que permite la valoración de la mercancía y su subsecuente adquisición. Ninguna carita del Che es gratis. Por el contrario, su presencia en el mundo es la demostración más palpable de la estructura costo-beneficio-ganancia (“explotación”) tan mentada por los progresistas.

A primera vista, esta sería una contradicción más en la larga lista de incoherencias izquierdistas. El joven rebelde antisistema porta una camisa de algodón chino que fue comprada con una moneda cuyo valor tiene como parangón el dólar americano.

Detrás de la iconografía de la izquierda, sin embargo, se esconde algo mucho más perverso que la simple difusión de lo que hoy se considera la cúspide del buen revolucionario.

Esta semana se divulgó un grafiti del colectivo “La Piedrita” en el que aparecen la Virgen de Coromoto y Jesús Nazareno portando armas de fuego. La imagen, ubicada en la parroquia del 23 de enero, conmocionó a la opinión pública. Un grupo pro oficialista, sin tapujos, en medio de la calle tergiversó la esencia del catolicismo.

La religión y el arte, a través de la historia, han ido de la mano. Para muestra el Renacimiento. Pero también han cruzado caminos distintos, tal y como se muestra en la corriente del realismo socialista.

No debe causar sorpresa. El comunismo también quiso transportar sus ideas a través del arte. Decía Marx: “El arte es la más grande satisfacción que el hombre se da a sí mismo”. En consecuencia, para los socialistas, el arte tiene que ser “solidario con los problemas de su tiempo, presentarlos y denunciar las injusticias”. Más aún, la expresión artística debe “ayudar al proletariado a vencer su ignorancia, su indiferencia y su falta de sensibilidad artística”. (Rafols).

Latinoamérica ha sido terreno fértil para la difusión del socialismo en el arte. Los muralistas mexicanos así lo comprueban. Diego Rivera, Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco fungieron como campeones de ese arte que buscaba educar al proletariado en su lucha contra la desigualdad.

Es obvio que las pintas de “La Piedrita” no tienen ni una pizca del valor artístico de los trabajos creados por los muralistas mexicanos. Pero ambas manifestaciones tienen un sustrato común: transformar el arte en dogma, en un instrumento didáctico que le revele al pueblo, al proletariado, el glorioso destino que la revolución le depara. El hombre nuevo.

No es casual tampoco que los socialistas hayan enfilado sus pinceles contra la Iglesia, porque la Iglesia es y ha sido el mayor bastión anticomunista de la historia. El comunismo es ateo, materialista y esclavizador. Frente a ello, la Iglesia: primero, propone la existencia de Dios; segundo, le otorga al hombre un sentido de trascendencia, fe y esperanza; tercero, propone una forma de control social que se fundamenta en los principios de la moralidad cristiana, valga decir, principios de libertad.

En este marco, el socialismo bolivariano debe promover a la Iglesia como enemigo. Bastan unos dibujos de aerosol mostrando a un Cristo belicista para sembrar la duda. Un mensaje de amor, perdón, encuentro no es compatible con una metralleta. Libreto consabido.

El socialista le teme a la doctrina social de la Iglesia. Con todo lo atemperada y criticable que sea la doctrina en cuanto a su noción de libertad, lo cierto es que su fundamento causa terror a los materialistas: el reconocimiento de la persona humana. El individuo superpuesto al Estado.

Las imágenes del 23 de enero no son una simple manifestación de la libertad de expresión y de culto que se les garantiza a los ciudadanos (artículos 57, 58 y 59 de la Constitución de 1999). Implican un plan de mayor valía: asentar las bases de una teología revolucionaria en la que Dios es desplazado por el Estado, en la que la persona se transforma en lastre para el logro de las reivindicaciones colectivas.

Hay que defender al individuo para pintar el mural de la libertad. Frente al comunismo violento e irracional, las enseñanzas del catolicismo adquieren vigencia. Es momento de transmitirlas y ponerlas en práctica. Ya lo dijo San Agustín: “Es trabajo perdido querer ganar hombres por la fuerza y no por persuasión”. A educar se ha dicho. A sembrar valores por la libertad.

Sunday, May 02, 2010

Hoz + martillo = sin sencillo

Hoz + martillo = sin sencillo

Por Andrés F. Guevara B.

El trabajo dignifica al hombre. No es un castigo. Contrario a lo que sostiene la creencia popular, el hombre enchinchorrado no trasciende como el campesino que madruga para cultivar las semillas del mañana.

Dios expulsa al hombre imperfecto del Edén. Su creación está destinada al trabajo (Génesis 3:23). Esta afirmación la corrobora Escrivá de Balaguer cuando señala que el trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca, “es asumido e integrado en la obra prodigiosa de la Creación y de la Redención del mundo”. (Conversaciones, 10).

El trabajo, visto así, se ofrece como un camino de salvación. Un sendero que conduce inexorablemente a la trascendencia y con ella a la libertad.

Esta visión, filosófico-teleológica, no puede ignorar el planteamiento del trabajo entendido bajo la luz del día del trabajador, presunta conquista lograda por el Estado social. Porque, en efecto, el día del trabajador tiene sus raíces en una tergiversación del Estado social derivada del socialismo.

El 1 de mayo surge como homenaje a los llamados mártires de Chicago, trabajadores anarquistas de finales del siglo XIX que murieron a raíz de su participación en protestas relacionadas con la reducción de la jornada laboral.

Desde entonces, una seguidilla de luchas y “conquistas” se ha venido desarrollando. Todas con un mismo objeto: darle más y más pseudoderechos a los trabajadores, reduciendo más y más los espacios de libertad.

En Venezuela, pocos se acordarán que el día del trabajador se originó por unos anarquistas asesinados. El trabajador entiende su día como una oportunidad para recibir más del Estado, el mayor empleador de la república. Un 1 de mayo sin aumento del “salario mínimo” no sería día del trabajador.

Es difícil pedirles a los trabajadores que crean en la libertad cuando esta es negada por la ideología que domina al Estado. El socialismo, incrustado en la república desde hace más de sesenta años, ha creado con sus pústulas materialistas el lugar común según el cual el capitalista rico y malvado se “enriquece” a costa del trabajador “explotado”.

Se olvidan por completo las enseñanzas de las escrituras. El telos de “santidad” que se trasluce con el trabajo. Quienes luchan porque el trabajo sea más “humano”, olvidan que el trabajo de por sí es una actividad que enaltece al hombre. La existencia de nuevas y más regulaciones no traerá el condimento de humanidad sino un aderezo históricamente probado: la pobreza.

No fue el Estado social el que produjo las estadísticas y estudios relacionados con las condiciones laborales de los obreros. Fue el capitalismo el que por primera vez le dio voz a aquellos que durante centurias fueron silenciados. Como bien lo expresa Hayek parafraseando a Marx, “el capitalismo ha creado el proletariado: por él pudo subsistir y sigue subsistiendo”.

Quienes ven el capitalismo como la encarnación del mal y del empobrecimiento del mundo, deben tener claro que están vivos gracias al sistema de precios y libre competencia que aún subsiste pese al fiero ataque de sus detractores atormentados.

Laissez faire, laissez passer es la consigna que a toda costa debemos defender. Más allá de lo que diga la opinión progresista, esto no es un gesto de supina ignorancia. No implica, como falazmente se sostiene, la inhibición y el abandono de todo intento racional por mejorar el destino de la humanidad.

El dilema, como lo plantea von Mises, se da entre la acción autónoma de cada individuo frente a la acción exclusiva del gobierno. Es decir, ¿quién planifica?, ¿cómo planifica?, ¿en nombre de qué intereses planifica el gobierno “benevolente”? 

Existe una diferencia abismal entre lo que los trabajadores percibirán como sus necesidades, y las necesidades “verdaderas” que la omnipotencia del Estado considerará y, en función de ellas, legislará.

No se debe entender con ello que no debe haber leyes que normen a los trabajadores venezolanos. Pero como dijo Locke, “el fin de la ley no es abolir o restringir la libertad, sino preservarla y extenderla”. El Estado debe intervenir sólo en la administración de justicia. Garantizando la justicia, se garantizarán a su vez las “reivindicaciones” tan mentadas por el trabajador.

Mientras perdure la mentalidad de la hoz y el martillo, el día del trabajador constituirá otra estafa más de promesas y regalos cuyo costo no es otro que la pobreza. El socialismo no cree en hombres libres y quienes sufren las consecuencias son siempre aquellos en cuyo nombre la libertad es sacrificada: los más pobres y, entre ellos, los trabajadores.