Entre las cosas curiosas que suceden en la Venezuela bolivariana, el estudio del dialecto gubernamental no puede quedar a un lado. Llama la atención que los funcionarios de la administración socialista empleen el término "oposicionista" para referirse a quienes adversan al gobierno. Pregunto: ¿Cuál es la diferencia entre los términos "oposicionista" y "opositor"?
Según la RAE, dentro del ámbito que nos compete (que es el de la política), opositor es definido como "partidario de la oposición". Oposicionista se refiere a la "persona que pertenece o es adicta a la oposición política".
En nuestra opinión, las palabras tienen el mismo significado. La salvedad que presenta el término "oposicionista" tal vez pueda encontrarse en la palabra "adicta". Es decir, que el oposicionista sería la persona adicta a la oposición. En el contexto venezolano, en el que el gobierno tilda a sus adversarios políticos de "disociados" y "alienados", tendría sentido calificar a los opositores de "oposicionistas", puesto que han hecho de su posición política un modo de vida. Se vive por y para adversar al presidente y, en consecuencia, la politización de la existencia se ha tornado en una adicción.
Este motto comunicacional es otra jugarreta del gobierno para crear una política diferenciadora entre los venezolanos. Ya no se es opositor, ahora se es oposicionista. Con esta diferenciación se cambian por completo las reglas del juego en el tablero político. No se está ante un igual en la lucha por el poder. Quienes controlan el Estado se esfrentan a unos "adictos" que deben ser "rehabilitados" para poder considerarse "hombres nuevos". Pero, ¿quién fijará el criterio que señale cuando el adicto deja de ser adicto y se encuentre rehabilitado? El Estado. Nuevamente, se está en presencia de una perversión en el devenir político venezolano. ¿Cuándo se acabarán las patrañas?