Thursday, August 27, 2009

No se dice "balurdo"

Viendo la novela de Venevisión Los misterios del amor, observé que constantemente el elenco del programa utiliza la palabra "balurdo" para calificar a Jason Martínez, uno de los protagonistas de la historia. "Balurdo", pudiera considerarse como sinónimo de ordinario, marginal, niche.

Si se examina el diccionario de la RAE, nos damos cuenta de que la palabra "balurdo" no existe. Sin embargo, la misma fuente acepta la existencia de la palabra "palurdo", adjetivo con el cual se califica a la gente como "tosca" y "grosera".

El significado de "palurdo" se asemeja al que los venezolanos le otorgan a "balurdo", razón por la cual considero que es muy posible que la palabra "balurdo" no sea otra cosa más que una deformación de "palurdo".

¿Estaremos en presencia de un venezolanismo no aceptado aún por la RAE? ¿Se trata de un neologismo más? Con tanto "balurdo" en Venezuela vale la pena averiguarlo.

Pd. Un tema parecido lo traté en mi post No se dice "aperturar".

Sunday, August 23, 2009

Pecado político

Pecado político

Por Andrés F. Guevara B.

El problema no consiste en determinar quién tiene la razón o comprobar cuál es la trinchera que detenta la verdad. La situación política venezolana adolece de una enfermedad más preocupante: la soberbia con la que los personeros del gobierno se interrelacionan con la sociedad.

Para nadie es un secreto. El comunismo tiene la pretensión universalista de imponer su visión del mundo como la única opción a través de la cual se puede concebir un sistema de gobierno. De esta forma, el comunismo termina por transformarse en una especie de religión en la que el culto al absoluto termina por rendirse al Estado.

El catolicismo también parte de una pretensión universalista. Sin embargo, reconoce la existencia de “semillas de verdad” en las manifestaciones de otros credos. El comunismo, en cambio, no concibe el diálogo interreligioso en el plano político. No existen alternativas: o se controlan los medios de producción y se elimina a la burguesía, o no será posible el paraíso proletario.

Venezuela transita en esta dirección. Más allá del éxito o fracaso de semejante sendero, resulta preocupante la actitud de infalibilidad con la que los defensores del “proceso” se expresan a la hora de explicar el mundo según su visión de la realidad.

¿Pueden equivocarse? No. ¿Pueden cometer errores? No. ¿Pueden recibir críticas? No. Quienes se atreven a asomar el menor disentimiento son tildados de traidores. Hombres viejos que no están a la altura del reto que implica la construcción de una nueva sociedad.

Acompañado de este sentido de infalibilidad se halla la certeza psicológica de estar en el poder. En tanto el líder máximo se encuentre en el trono, cualquier acción o desmadre, por descabellado que sea, será apañado por la impunidad siempre y cuando tenga por objeto fortalecer las raíces de la revolución.

La disidencia política venezolana también tiene aires de infalibilidad. De allí sus fracasos. Cuando los universalismos chocan el caos se desata. Sin embargo, la oposición no representa las instituciones del Estado –salvo en casos aislados y a pequeña escala– y, en consecuencia, no tiene a sus espaldas el peso de velar por la totalidad del país.

Esta liviandad en la carga de sus responsabilidades no la tiene el oficialismo. Es un problema particular de la dirigencia opositora entender cómo su soberbia le afecta o no llegado el momento de capitalizar su fuerza política. Los que tienen las riendas del país no pueden soslayar sus responsabilidades frente al colectivo que constituye la nación. Son ellos quienes tienen el deber de custodiar el derecho a la búsqueda de la felicidad de cada venezolano.

Creerse ungido de un poder especial para gobernar no es otra cosa que una enorme muestra de arrogancia. Fatal arrogancia. Por alguna razón, la mayoría de las religiones condenan la soberbia. En el templo de la política tiene repercusiones que pueden desatar la mayor de las crisis: se pierde el contacto con la realidad. Se olvida el porqué que condujo a la promesa de un mejor país.

Saturday, August 22, 2009

Thursday, August 20, 2009

Common Sense

La historia de Estados Unidos resulta fascinante. Su análisis arroja pistas para la comprensión de las libertades fundamentales. Los panfletos constituyen una muestra significativa de esta afirmación. Se calcula que durante el período comprendido entre 1750 y 1776 se publicaron más de cuatrocientos panfletos. Cifra nada desdeñable, sobre todo si se toman en cuentas los sistemas de impresión de la época.

Muchos consideran que fue Thomas Paine quien publicó el panfleto más popular en las colonias americanas: Common Sense. Consciente de la imperiosa necesidad de transmitir las ideas idependentistas de forma tal que cualquier persona las pudiera entender, Paine simplificó el credo liberal en la siguiente sentencia: “Society in every state is a blessing, but Government even in its best state is but a necessary evil (…)”. Paine no se equivocaba. Su frase sigue viva, para entender el pasado y enfrentar el presente.

Tuesday, August 18, 2009

Jurisprudencia de taquilla

Tuve la suerte (?) de visitar un centro de impresión en uno de los tantos locales comerciales que existen en el principado de Chacao. Mientras esperaba las encuadernaciones que encargué los clientes iban y venían.

No era su llegada y partida lo que causaba sorpresa. Se puede esperar que en un negocio de copias la gente realice diligencias cortas, precisas. Lo que me conmocionó fue el hecho de que la inmensa mayoría de personas que se acercaban a la tienda, traían consigo las ineludibles carpetas que todo ciudadano debe tramitar para obtener dólares de CADIVI.

Existe una conspiración. Seguramente. Es la única forma en la que se puede explicar tantas copias de pasaportes, cédulas, recaudos. La mano visible del Estado llega incluso a la beneficencia de los centros de impresión. Imagínense qué harían estos locales si se eliminaran todos los trámites para adquirir divisas.

Las empleadas de la tienda podrían escuchar los éxitos de Rocío Durcal sin tanta interrupción. Tal vez no…

Sunday, August 16, 2009

Escolástica revolucionaria

Escolástica revolucionaria

Por Andrés F. Guevara B.

Se equivocan quienes pretenden abordar la nueva Ley Orgánica de Educación desde una perspectiva racional. Intentar ver lo bueno, lo malo, lo positivo y lo negativo de la norma recién sancionada constituye un error que le otorga legitimidad al proyecto político que hoy gobierna a Venezuela.

La Ley de Educación tiene que analizarse en su contexto. Debe ser estudiada en el plano de una sociedad totalitaria y dentro de un Estado comunista. Es precisamente en este punto donde nos abandona la razón y son los sentimientos los que comienzan a gobernar.

Nos preside la irracionalidad. Ningún ser, racionalmente, podía concebir que la Venezuela socialista del siglo XXI tuviese cabida. Sin embargo, allí esta. Rigiendo nuestros destinos desde hace más de una década. Su génesis se debe a la sinrazón, a la barbarie, a la pasión hecha furia.

Es en esa visión del Estado como un absoluto en la que debe comprenderse el papel que juega la ley. Sirve para el Estado, su ideología, su propósito. Basta que exista este fin supremo para que todo lo demás se venga abajo. De nada sirve entonces plantear la importancia y los beneficios de las presuntas “políticas sociales” que trae consigo la norma. Tampoco es dable utilizar como parapeto las posibles mejoras para los excluidos.

No es posible la imposición del Estado teniendo como contraparte la donación de un mendrugo. Esta es una guerra de ideas. La ideología de la libertad frente a la monología del comunismo.

La ciudadanía que difiere de la Ley de Educación tiene un gran reto por delante. Es evidente que en el plano de la irracionalidad la discusión, el diálogo y el debate no son posibles. Basta, por ejemplo, leer el texto de la norma y reparar en el “espíritu difuso” que posee la mayoría de su articulado. Un instrumento legal con semejante amplitud sólo puede emplearse para el control y la represión. Pierde el tiempo el legislador si lo que buscaba con semejante dilatación conceptual era la enumeración de los principios generales que deben regir a la educación, puesto que dichos principios –así sea maltrechamente– se encuentran esbozados en la Constitución.

Un parlamento que aprueba una ley sin mayor consulta, desconociendo el consenso de todos los factores de la sociedad, pone de manifiesto su ausencia de voluntad política para darle vida al pluralismo. Carece de sentido, en consecuencia, el estudio técnico, intelectual y académico de la ley. Poco importan la discrepancias y las observaciones que se tengan que hacer a los artículo uno, dos, tres o cincuenta y uno. La ley vale como un todo, porque el Estado lo es todo.

Reconocemos que los programas y contenidos de estudios tanto de las universidades y colegios obedecen a la vida económica del país. Salvo un puñado de intelectuales interesados en desarrollar su vida profesional en el ámbito académico, la mayoría de los egresados de las instituciones educativas tienen como objetivo ingresar al sector productivo de la nación, producir bienes y servicios, y vivir de la remuneración que dicha actividad les genera.

Quienes critican la situación actual de la educación en Venezuela argumentando que los programas de estudio obedecen a los intereses de la burguesía (entiéndase empresa privada), olvidan que el mayor empleador del país no es otro que el Estado. En consecuencia, es a esta superestructura, a sus intereses, a los que obedece la estructuración de la educación en Venezuela. Es la administración pública el principal nutriente del que se alimentan las personas que ingresan al mercado laboral formal. El sistema educativo, para que aquella pueda mantenerse en pie, debe someterse a sus necesidades y requerimientos.

En este planteamiento, resulta casi imposible, por no decir risible, que sea la empresa privada la encargada de crear las directrices de la educación venezolana. Difícilmente en nuestra sociedad puede el sector privado equiparar su influencia al poder del Estado. Y suponiendo que la empresa privada fuese más grande que el sector público, como sucede en algunos países, en modo alguno puede compararse el poder de los particulares frente a la pseudo omnipotencia que desarrolla quien detenta el control del Estado.

Esta estructura educativa se verifica cuando se analiza el dominio abrumador en términos porcentuales de la educación pública sobre la educación privada. Si el Estado venezolano controla directamente más del ochenta por ciento de la educación en Venezuela, ¿cuál puede ser su interés en desarrollar una ley que vigile el veinte por ciento restante?

Ley de Educación, teleológicamente, tiene como cénit destruir al individuo, su libertad, la posibilidad del librepensamiento. Los mismos objetivos que busca el gobierno bolivariano en su totalidad. El control absoluto del Gran Hermano. No puede aislarse la norma de su contexto. De allí su complejidad y peligro.

Iniciada la radicalización del socialismo ha llegado el momento de definiciones. Dependerá del resultado de esta confrontación ideológica no sólo el futuro del país, sino de cada una de nuestras vidas.

Saturday, August 15, 2009

El mundo según Tupi: "El laberinto de San Suu Kyi"

Venezuelan Compass se une al mundo de los podcast. A través de la sección El mundo según Tupi realizaré reseñas breves sobre la diplomacia y la política internacional.

Los dejo con la primera entrega.


Wednesday, August 12, 2009

Tarde de cascadas

En contadas ocasiones uno se convierte en protagonista de la historia. Aunque calificar de “historia” la situación de las lluvias que sufrieron hoy los habitantes de Caracas puede parecer bastante pretencioso. Y en efecto lo es. Porque no es posible que un simple aguacero sea capaz de paralizar la capital de un país. Petrificación de una nación que, nunca está de más recordar, planea convertirse en potencia planetaria revolucionaria. Instrumento señero contra la exclusión, la pobreza, y la típica basura retórica que forma parte de las consignas de izquierda.

Agradezco la oportunidad de ser pasante en la firma de abogados donde laboro. Hay días, sin embargo, en los que el trabajo se convierte en aventura (recordemos que en Venezuela lo más simple siempre guarda sorpresas inesperadas). Fue así como tuve que ir a la Torre Hewlett Packard. Llegué al edificio aproximadamente a las dos y cuarenta de la tarde.

Salí de la Torre HP a las tres y cuarenta y seis. Tenía hasta las cuatro y media para entregar un documento en la Superintendencia de Seguros. Como estaba lloviendo, la distancia entre Los Palos Grandes y El Rosal –lugar en el que me hallaba y sitio al que tenía que ir– se transformó en un circuito que no podía realizarse en ninguna clase de vehículo automotor.

Acompañado de la llovizna caminé hasta el Rosal. Fue cerca de Toylandia, en la frontera con Chacaíto, donde me di cuenta de por qué había tanto alboroto en las calles cercanas. Una laguna inmensa de agua y tierra inundaba toda la vía desde los campos de golf del Caracas Country Club.

Los esfuerzos de Polichacao resultaron infructuosos para detener el caos. Los carros simplemente no podían pasar. Los peatones que buscaban llegar a la estación de metro o tomar el autobús se vieron obligados a arremangarse los pantalones, quitarse los zapatos y caminar descalzos por la vía hecha de agua.

Por un momento me sentí en un sembradío de arroz vietnamita. Pero la gente no corría por el gas napalm, sino por la triste incompetencia de un gobierno que ha dejado a un lado su razón de ser.

Cuando termino estas líneas, el tráfico en la zona cercana a mi oficina (Avenida Francisco de Miranda, cerca del Centro Lido) luce catastrófico.

Qué clase de porvenir puede tener un país que se detiene por unas cuantas gotas de agua en su ciudad capital.

Tuesday, August 11, 2009

Así se reseñó el Ávila Skyrace en la prensa venezolana

El domingo 9 de agosto se llevó a cabo la primera competencia de Skyrace en Suramérica, y qué mejor lugar para conquistar las cimas primerizas que las montañas venezolanas. Tuve el honor de participar y completar esta carrera junto a mi buen amigo y compañero Xabier Leizaola. Tengo pendiente escribir el relato de la carrera. Sin embargo, considero importante dejar constancia de dos cosas.

La primera de ellas es agradecer al comité organizador del evento, principalmente a Tanya Pacheco por todo el esfuerzo que realizó para que la carrera tuviese vida. A mis oídos llegaron las dificultades y obstáculos que tuvieron que ser superados para que todos pudiésemos correr más cerca del cielo, y por ello hay que estar agradecidos.

Merece la pena, del mismo modo, hacer eco de la difusión mediática que tuvo el evento. Es por esta razón que coloco en este espacio las reseñas que realizaron los diarios venezolanos El Nacional y El Universal de la carrera. Es una forma de dar a conocer las cosas buenas que suceden en nuestro país en tiempos tan turbulentos. Al mismo tiempo, constituye un estímulo para todos, ya que se constata el talento que tienen muchos venezolanos en disciplinas deportivas que casi siempre pasan desapercibidas y no reciben el apoyo necesario de quienes tienen el poder de cambiar esta situación. Ojalá el Ávila Skyrace sirva de testimonio para recorrer nuevos senderos y alcanzar nuevos retos.

El Nacional

El Universal

Monday, August 10, 2009

Entre el pin y la bolita

Entre el pin y la bolita

Por Andrés F. Guevara B.

No tengo nada en contra del Blackberry. Su atractivo tecnológico, sin duda, debe solucionar la vida de muchos. Tener una oficina en la palma de la mano implica al mismo tiempo la posibilidad de mejorar el rendimiento de cualquier empresa y la vida de cualquier ser humano.

Como contraparte (o como complemento) de esta visión del Blackberry, nos encontramos frente a una nueva dimensión de la comunicación humana.

Por ridículo que suene, estoy convencido de que gracias al Blackberry la humanidad ha entrado en una nueva etapa de las comunicaciones personales. Ni mejor ni peor. Simplemente distinta. Es la era del pin y la bolita.

Este período se caracteriza básicamente por lo siguiente: cada vez que intentes sostener una comunicación personal con alguna persona, es muy probable que tu interlocutor no te esté observando –tal vez tampoco te preste atención– porque se encuentra concentrado en el manejo de su Blackberry o aparato afín.

La comunicación personal clásica involucra una serie de códigos, comportamientos y actitudes que las nuevas tecnologías han modificado. La gran pregunta es hasta qué punto estas innovaciones desvirtúan la esencia humana. Tal vez este sea un planteamiento filosófico de mayor profundidad, pero no deja de ser interesante observar cómo la forma de comunicación personal ha venido variando a través del tiempo.

El concepto de alienación se ha ligado a diversos inventos. Más de un crítico señaló que la televisión era un aparato que aislaba a la gente de la sociedad. La radio alejaría a las personas de los libros. Los videojuegos borrarían del mapa a los juegos de mesa. El Internet acabaría con el servicio postal.

Habría que evaluar, por consiguiente, hasta qué punto estas invenciones lograron vapulear a sus predecesoras. Lo que parece cierto es que las formas de comunicación que se han visto en peligro de extinción se han adaptado a nuevos requerimientos y formas de uso para las cuales, probablemente, no fueron concebidas en principio.

Detrás de las visiones apocalípticas se encuentran también las opiniones que vanaglorian la llegada de las creaciones humanas. Al final del día, al menos en Caracas, difícilmente pueda concebirse la vida en sociedad sin medios de comunicación social y sin instrumentos de comunicación personal. Corro el riesgo de confundir ambas, pero creo que parten del mismo sustrato: el hombre.

A lo mejor exagero las cosas y el Blackberry no sea más que otro instrumento de telefonía. De ser así, habrá que averiguar cuál es la razón por la que el pin y la bolita han causado tanto furor en nuestros días.