
Banking and Finance, Capital Markerts, Politics, History and Law / Banca y Finanzas, Mercado de Capitales, Historia y Derecho.
Thursday, June 25, 2009
Tuesday, June 16, 2009
¿En todo amar y servir?
Con motivo de la celebración de los ochenta y cinco años del Colegio San Ignacio, la asociación de antiguos alumnos decidió conmemorar la insigne fecha editando un libro que resumiera la historia del San Ignacio durante más de ocho décadas.
Difícil tarea condensar en una obra la vida de un colectivo que se yergue a través de casi un siglo. Amar y servir es el título del libro. Valga la promoción en memoria de la frase que acuñó el epicentro de la filosofía de vida ignaciana.
Este artículo, sin embargo, no pretende convertirse en una reseña publicitaria de un libro que ni siquiera he leído. Por el contrario, quiero llamar como siempre a la reflexión.
Tuve oportunidad de estar presente en el bautizo del libro. Como buen acto que da vida a toda obra literaria había formalidades que debían ser cumplidas: champaña, pétalos, alguna bendición por la empresa conseguida.
Fue el discurso del autor del libro lo que poderosamente llamó mi atención. En una de las tantas cosas que se dijeron, hubo una frase que fijé en mi cabeza instantáneamente: “Los ignacianos han sido quienes han construido a Venezuela”.
De inmediato solté una carcajada hecha de mutismo. Esbocé la sonrisa del cínico, pero mantuve la compostura. Que cada quien exprese lo que quiere, pero como egresado del San Ignacio –y defensor a ultranza de mi colegio– no comparto esa idea altisonante de que los ignacianos sean los responsables de la edificación de nuestro país.
El San Ignacio es un colegio de élite. No hay duda de ello. Que ha perdido calidad, es indudable también. Treinta, cuarenta, cincuenta años atrás, los hijos de los altos dirigentes del gobierno y la sociedad inscribían a sus hijos en el colegio con la certeza de que saldrían bien formados. También podían conseguirse casos de personas con recursos insuficientes que lograban llegar. La misma afirmación se extiende a la clase media. No era la regla, pero la ventana del pluralismo quedaba abierta y no se podía hablar de una política segregacionista.
En los últimos veinte años las cosas no han cambiado en demasía. Sigue existiendo el sentido de diversidad, mas la entrada al colegio no se enfoca desde el ámbito de la formación, sino en una cuestión de estatus. Se trata del regocijo que siente una mamá en una piñata cuando dice “mis hijos están en el San Ignacio”. La frase retumba y se genera un destello digno de milagro bíblico.
Quienes manejan las estadísticas señalan que gran parte de los padres y representantes del colegio son ex alumnos, razón por la cual es más preocupante aún el nuevo sentido de pertenencia que se gesta.
Decir que los constructores del país son los ex alumnos de un colegio conforma un acto de soberbia que debe ser refutado. Si los ignacianos son los responsables de la Venezuela “democrática”, me puedo reír en su cara por el modo como han conducido al país hasta llevarlo a la destrucción que hoy vivimos.
La Venezuela del siglo XX fue rica en dirigentes “ignacianos”, pero durante esa centuria Venezuela no eliminó los problemas de pobreza y atraso que sufría. Lo que es peor aún, a partir de la década de 1970, fecha en la que el timón de la patria fue tomado por quienes hoy con arrogancia se dicen constructores de un país, la nación fue deteriorándose notablemente. Los cálculos de los edificadores pomposos no fueron del todo afortunados.
No podemos obviar el comunismo del siglo XXI. Por supuesto que no lo dejaremos en el tintero. Más doloroso que lo acontecido en décadas pasadas es el entreguismo vil que ha caracterizado al ignaciano medio. A cambio de unas cuantas monedas, se han mandado al demonio los principios. Hacer negocios con el gobierno es mejor que luchar por lo que se cree. De este modo, las hijas de los colaboracionistas viajan tres veces al año a Disney o a Europa, mientras los sueños de libertad quedan sepultados en la conciencia astillada.
El colaboracionista estándar se llama a sí mismo “institucionalista”. Se trata, dicen, de salvaguardar los pocos cimientos que mantienen al Estado. ¿Cuál Estado? Porque el Estado para su existencia requiere de ciudadanos, y para ser ciudadano es menester el respeto de mis libertades fundamentales y mis derechos civiles y políticos. Ergo, al ser un excluido, no soy ciudadano y si no soy ciudadano no formo parte del Estado.
Pero qué fácil decir que se está al servicio de la omnipresencia que reniega de los excluidos. Así cualquiera se convierte en héroe. La mayor expresión del colaboracionista se observa en los escoltas gubernamentales vestidos de negro que vigilan la seguridad de sus protegidos. Al final los colaboracionistas también serán devorados por la ola del totalitarismo. Aunque no lo vean. Ya la cacería comenzó.
La crisis de la ignacianidad es tal que la misma Compañía de Jesús está consciente del problema. No es casualidad que los jesuitas en las últimas décadas hayan hecho más hincapié en la educación de los sectores populares que en el fortalecimiento de la educación de la clase media y rica. Por supuesto que esta postura refleja el pensamiento vanguardista y de teología de la liberación de los seguidores de Iñigo de Loyola, pero no deja de ser emblemática esa noción de “causa perdida” que rodea al San Ignacio entre los corredores jesuíticos.
Debemos recalcar lo que siempre hemos dicho: cualquiera puede ser el constructor de un país. La clave está en creer en la libertad, no en la pertenencia a un determinado lugar. Esta idea, discriminatoria por lo demás, se torna absurda cuando se contrasta con la realidad. Poco importa que Marcel Granier sea ex alumno del colegio. RCTV puede funcionar igual o mejor si tiene a la cabeza una persona que posea ideas preclaras sobre administración, gerencia y organización de medios de comunicación.
La independencia de Estados Unidos se gestó en la mente de granjeros, no en la de los ignacianos de su tiempo. Sin embargo, tenían tan clara la visión de cómo se debían asentar las bases de un Estado que sus ideas perduran en nuestros días, sea en la UCAB, en Yale o en LSE.
Tal vez el San Ignacio haya sido siempre un colegio al que la gente se acercaba por una cuestión de estatus y no por sus valores, y cometí el error de idealizarlo al observar la historia de sus primeros tiempos. Es probable, así mismo, que la reflexión que planteo trascienda al colegio y se extienda a la educación en Venezuela, a la permanente crisis de valores que nos construye como seres humanos. Incluso podría decirse que el problema estriba en la desarticulación de la institución familiar, de la falta de comunicación entre padres e hijos, de las vértebras carentes de una columna formativa que guíe, instruya, aconseje. Tal vez…
Temas diversos y muy amplios para esta reflexión poco pretenciosa.
Mientras las febriles palabras del discurso se decían, los constructores del país poco las escuchaban. Sobrevino el aplauso hipócrita. Pero antes, e inmediatamente después, cada cual volvió a lo suyo. El chateo alienante en el Blackberry, la llamada de último momento, el bostezo del calvo en el asiento de la tercera fila a la derecha, la esposa insufrible que cuenta los segundos en espera del final. Las columnas del templo de nuestros sueños socavadas y los responsables misteriosamente desaparecidos en el manto del anonimato colectivo. Justo allí, en el auditorio del Colegio San Ignacio de Loyola.
Monday, June 08, 2009
Sota, caballo y rey
Sota, caballo y rey
Andrés F. Guevara B.
Cerca del mediodía me encontraba tumbado en el sofá de mi casa. Conducta poco habitual en mi persona, puesto que el tiempo escasea y en pocas ocasiones puedo invertirlo en siestas a la europea. Sin embargo, la vida sabe por qué nos pone en las circunstancias que experimentamos. Y fue allí, en medio de aquel camarón ajeno a mi condición, que observé la transmisión del himno nacional de Venezuela en un canal de televisión.
Recordé después que el mismo himno lo volvían a retransmitir a la medianoche y cerca de las seis de la mañana. Incluye su divulgación un recuadro dedicado al lenguaje de señas y una especie de “canta con nosotros” para que las personas puedan seguir la letra de la tonada patria.
Sobre el Gloria al Bravo Pueblo mucho se ha escrito, y nadie duda de su valor artístico y la importancia que tiene para el venezolano su himno. Sus consignas abrazan el deber ser de la nación. Sus estrofas sirven de bálsamo a los pobladores de un territorio vapuleado.
¿Es necesario transmitir tres veces al día el himno nacional? Sabemos todos que no se trata de necesidad. Que el origen se halla en la ley y no en el mero capricho del operador de una televisora. Tenemos conocimiento, además, de que la norma no viene de los tiempos del gobierno socialista sino que en períodos anteriores la legislación también tendía hacia los derroteros nacionalistas.
Consideramos que semejante proposición patriótica carece de sentido. Con el himno se pueden hacer muchas cosas, menos imponer a trocha y mocha su dignidad y respeto. Se logra, a nuestro juicio, el objetivo contrario. Lo que parece un homenaje deviene en burla. “Otra vez el himno nacional”. Muy lejano está el destello de la tonada patria en el estadio deportivo.
El tema de las regulaciones entra en boga de nuevo. Se comenta, no sin temor, que los progresistas legislarán sobre la televisión por cable. ¿Una nueva cacería en contra de RCTV? Ante el evidente aumento de la penetración de la televisión por cable en los hogares venezolanos a raíz del cierre del canal de Quinta Crespo, no es descabellado pensar que el gobierno quiere silenciar a sus mayores críticos.
Por sandeces como la imposición del himno nacional se abre el campo a mayores regulaciones que también en nombre de la patria, el honor, y el profundo amor que el pueblo siente por la pequeña Venecia deben ser respetados.
Thursday, June 04, 2009
Goethe y Lope
como Fausto también, de tanta ciencia,
en sus últimos años, la experiencia
recoge del sendero recorrido.
-¿En qué misterios no me habré perdido?
Filosofía -oh Dios-, Jurisprudencia,
Botánica, Anatómica... Impaciencia
de conocer aun lo desconocido.
Si yo, en lugar de interrogar las pocas
verdades de la Mineralogía
consultara en los ojos y en las bocas,
como Lope de Vega, hoy juntaría
en mis dominios las fulgentes rocas
y los diamantes de la poesía.
Wednesday, June 03, 2009
Cuba en la OEA
Lo primero que habría que decir, y tal vez lo principal, es que miramos con profundo escepticismo la aceptación de Cuba dentro de este organismo. No existe duda de que una tiranía aislada es mucho más feroz que una dictadura integrada a un sistema de política comunitaria.
Sin embargo, conviene cuestionar hasta qué punto la OEA está comprometida con la defensa de la libertad y la democracia liberal al aceptar nuevamente –y sin mayores tapujos ni limitaciones– al bastión del comunismo en el hemisferio por más de cinco décadas.
Este movimiento regional obedece, sin duda, a la política Obama. Valga decir, la ingenuidad y el destello mediático por encima de la defensa de principios que no deber ser alterados. Amanecerá y veremos, como reza el refrán popular.
Si Cuba inicia una política de respeto hacia las libertades civiles y políticas a través de su integración a la OEA, me retractaré frente a las críticas expuestas. Si por el contrario, esta movida en el tablero representa un maquillaje al estilo “liberemos a Guantánamo” sin saber qué hacer después, la noticia que hoy llena las primeras páginas de optimismo pasará a conformar una insolvencia más en defensa de la libertad. Apuesto mi ficha a esta opción.
Monday, June 01, 2009
Disney's Up
No pretendo realizar una reseña sobre Up (para eso es mejor revisar los periódicos, ¿no creen?). Sin embargo, dedico este inciso para recomendar ampliamente esta película.
En Up se hallan metáforas recurrentes de toda creación humana: la idea del viaje, la constancia y el llamado que nos hace la vida a no dejar a un lado la conquista de nuestros sueños, sin importar la edad, el tiempo, el espacio.
Podemos llegar al paraíso en una casa flotante con globos de colores.