Sunday, May 31, 2009

Libertarios de almidón

Libertarios de almidón

Por Andrés F. Guevara B.

Esta semana se caracterizó por lo que pudiera describirse como un debate de ideas sobre lo que deseamos como país. Cedice conmemoró sus veinticinco años de existencia invitando a Venezuela lo más granado de la intelectualidad libertaria latinoamericana.

La respuesta del gobierno no se hizo esperar. Ante una actividad de bajo perfil, auspiciada por una modesta ONG para un puñado de interesados, el régimen encendió las alarmas para alertar sobre la inminente conspiración ultraderechista que se gestaría públicamente desde un salón de Altamira.

De inmediato, la llegada de Vargas Llosa, su hijo y sus secuaces se convirtió en un show. Hasta una guitarrita de plástico recibió el escritor como regalo de bienvenida. En el Celarg, a dos cuadras del lugar donde se celebraría el evento del Cedice, las fuerzas de la vanguardia y la revolución montaron un tarantín para discutir el engendro diabólico del capitalismo. La imagen del niño que instala su puestito de venta de limonadas en la urbanización para hacerle competencia al mercado de la esquina.

Semejante infantilismo tuvo su cénit con el llamado a debate por parte del líder máximo. El reto se aceptó. La fecha y hora del duelo fueron fijadas. ¿Cumpliría su palabra el gendarme empíreo? No, porque él es un soldado, no un intelectual. A sabiendas de sus limitaciones, me pregunto, ¿cuál es la razón por la cual no deja que otras personas más capacitadas tomen las riendas del país?

En ese supuesto, claro está, el soldado –por razones que atentan contra toda lógica– debe continuar su misión. Qué acomodaticios son los argumentos en la práctica política. No se puede contraargumentar a una de las máximas figuras de la pléyade literaria latinoamericana, pero sí dominar ad infinitum los destinos de la patria.

Existen otros elementos que nos preocupan. En el evento del Cedice se encontraban personas que no tenían tradición libertaria. La pregunta fundamental es por qué estaban allí. Si lo hacían para compartir sus ideas, debatirlas, e incluso darse cuenta de que sus postulados no son los correctos, pues bienvenida su presencia. De hecho, esta debe ser fomentada a toda costa.

Si por el contrario, se atendió al llamado por una suerte de cosmopolitismo y figuración, de esnobismo típico de la conducta del venezolano, el llamado a la reflexión es imperativo. Quienes conocen el entorno político venezolano, saben de qué pie cojea cada actor nacional.

La mayoría de la intelectualidad venezolana, triste es decirlo, no tiene la más mínima idea de cuáles son los fundamentos de la libertad. Si llegasen a gobernar de nuevo, es casi seguro que no adoptarían un sistema libre para el desarrollo de sus políticas. Hablarían de redistribución y no de creación de la riqueza, el subsidio sería el grito de guerra y las misiones el hipnotismo de manipulación para las masas.

Como eje central una concepción errada de lo que es democracia. Puesto que la democracia no es un sistema de gobierno, sino una herramienta que sirve para tomar decisiones para la vida en sociedad. De allí el peligro que todo lo decida “por mayoría” el pueblo, puesto que existen aspectos de la dimensión humana que no pueden someterse a un tema de mayorías y minorías. El aspecto cardinal para vivir en libertad es el Estado de Derecho, Rule of Law.

¿Qué habría sucedido si Chávez hubiese debatido con Vargas Llosa? Difícil hacer un pronóstico. Pero quisiera remitirme a un episodio de la historia de Venezuela, en el que se dio un debate entre dos candidatos presidenciales: Rafael Caldera y Jaime Lusinchi. El resultado lo sabemos todos: Caldera, el intelectual ilustrado conocedor de la poesía de Andrés Bello, sucumbió ante la payasada mediática de aquel hombre que era “como tú”.

La práctica política se ha banalizado. Lo que a todas luces parecía una actividad seria y de provecho, se convirtió en un gallinero, en un “toma y dame” mediático, que recuerda a las declaraciones públicas de los boxeadores días antes de enfrentarse en el cuadrilátero. Y en el medio de esta locura, una oposición ignorante que sin tapujos ahora se denomina libertaria.

Thursday, May 28, 2009

Lavín, Vargas Llosa y el ensueño bananero

Tuve la maravillosa oportunidad de conocer en el día de hoy a figuras de gran talla dentro de la política latinoamericana. La muy querida Universidad Monteávila contó con la presencia de Joaquín Lavín y Cristian Larroulet. El primero, ex candidato a la presidencia en Chile. El segundo, director del Centro de Estudios Libertad y Desarrollo.

Ambos personajes dictaron cátedra libertaria en nuestras tierras. Llena de esperanza saber que su mensaje pueda difundirse en la Venezuela herida que hoy vivimos. Por supuesto que la visita de estos intelectuales no estuvo exenta de polémica.

Más de un progresista trasnochado criticó la visita de Lavín argumentando que era inconcebible recibir en nuestro país a un funcionario “pinochetista”. Charlatanerías semejantes recibió Larroulet y otras connotadas figuras libertarias que se encuentran en Venezuela con motivo de la celebración de los 25 años de Cedice, uno de los pocos bastiones liberales que sobreviven al totalitarismo servil que nos rodea.

Muchas son las reflexiones que dejan las ponencias expuestas por los invitados. Sin embargo, el núcleo de las ideas sigue siendo el mismo. El único camino hacia la prosperidad se fundamenta en el respeto a la vida, la libertad y la propiedad. Este es el trípode que construye una existencia verdaderamente digna. Lo demás son fruslerías.

Mientras pensamos en la vía adecuada para transformar al país, don Mario Vargas Llosa es recibido en nuestro terruño por una tropa de comunistas. ¿Qué pensará el mundo de semejante espectáculo bananero? No quiero ni imaginarlo, pero algo me dice que esa no es la Venezuela que deseamos. ¡Vana ignominia!

Sunday, May 24, 2009

El Vargas de nuestro tiempo

El Vargas de nuestro tiempo

Por Andrés F. Guevara B.

Hace no más de un mes, cierto funcionario del gobierno bolivariano -conocido en la década de los noventa por liderar un grupo de militares golpistas en la toma de Venezolana de Televisión el 27 de noviembre de 1992- declaró que los sismos, temblores y terremotos son fenómenos geológicos de carácter milenario, que suceden una vez en la vida. En consecuencia, los venezolanos poco nos teníamos que preocupar ante la posibilidad de que se suscitara un nuevo movimiento telúrico puesto que hasta donde se sabe nadie ha logrado vivir por mil años.

Esta declaración temeraria nos recuerda la frase con la que Hayek sepultó las buenas intenciones que, supuestamente, acompañan a un gobierno socialista, materialista y planificador: la fatal arrogancia. No basta con controlar la sociedad. Ahora se va más lejos: domaremos la furia de la tierra.

Las reflexiones del ministro llevan a una palabra mucho más edificada: sabiduría. Y es esta sabiduría la que trae consigo la imagen de Tomás Lander y José María Vargas. ¿Qué tienen que ver estos personajes con esta reflexión? Como se sabe, Vargas constituye una de las figuras señeras del civismo en Venezuela. Es una de esas referencias en vías de extinción sobre el deber ser de la práctica política.

En cuanto a Tomás Lander, qué decir, se trata de una de las máximas exponencias del liberalismo en el siglo XIX venezolano, sin contar además el valor de su obra periodística y literaria. Añejo hombre de nuestro pasado. Ahora bien, de acuerdo con unos papeles que publicó Lander, el periodista se manifestó contrario hacia la candidatura de Vargas a la presidencia. Dijo Lander lo siguiente:

"Si con el elogio ha querido decirse que el doctor Vargas es el más sabio de la edad presente y que por esta razón es el más naturalmente llamado para gobernarnos, ¡cuán difícil será que en el corto espacio de otros cuatro años se forme otro sabio de inmensas luces! Pobre Venezuela, tendrás que desterrar las teorías de los hombres necesarios y que ser regida por el mismo coloso durante muchos lustro"*.

No deja de ser interesande el argumento con el que objeta Lander a los provarguistas. Desde entonces, se hacía un llamado de alerta ante la posibilidad de fundamentar el control del Estado en la idea de un hombre necesario. Si bien es cierto que Vargas nunca estuvo convencido de su candidatura como presidente, lo realmente importante en este punto es determinar si el control del Estado debe depender de la sabiduría presidencial.

Por supuesto que las riendas del Estado no deben estar a manos de un loco de carretera. Pero de las líneas de Lander se desprenden -con variaciones de importancia por supuesto- los principios del gendarme necesario y del líder mesiánico que hoy destruyen lo poco que queda de país.

Sólo un gobierno limitado podrá hacer frente a ese descalabro. Limitación que debe provenir de la ley. Una ley que regule -palabra peligrosa- exclusivamente aquellas áreas o espacios en los que indubitablemente se ha llegado al consenso de que se necesita algún tipo de directriz.

Vargas no duró mucho en la presidencia. Cómo iba a hacerlo en esa selva de caníbales hambrientos que buscaban su tajada de poder. El médico, no obstante, sigue siendo un ejemplo de probidad. ¿Tendremos dirigentes llenos de civismo para mediar con el futuro? ¿Existirán periodistas conscientes de la necesidad de criticar el progresismo socialista, venga de donde venga?

Crucemos los dedos y apelemos a la sabiduría popular que bien señala que en el camino se enderezan las cargas.

Velásquez, R. (1990) Memorias de Venezuela. Volumen I. Caracas: Ediciones Centauro. Página 52.

Friday, May 15, 2009

La mentira de la tolerancia

La mentira de la tolerancia

Por Andrés F. Guevara B.

En los círculos políticamente correctos –entiéndase en las esferas del progresismo mundial– se ha desarrollado una matriz de opinión favorable a dos términos que tienen que estar incluidos dentro de cualquier proceder del “buen político”: tolerancia y reconciliación.

Encontramos así la atmósfera de tolerancia y reconciliación en diversos espacios de la sociedad. Papás de acaudalados colegios católicos realizando rosarios para encontrar la paz en el país; banqueros ambientalistas –que hasta esto es posible, venga– llamando a que todos usemos lucecitas blancas, exhortándonos a disminuir emisiones de CO2 a cambio de la infértil promesa de pobreza; un centenar de españolitas desnudas pintadas de rojo tiradas en una plazoleta luchando por las pieles de los pingüinos.

La Venezuela primitiva que padecemos lejos está de este concierto de peace makers. La realidad de nuestra patria es mucho más desgarradora. El país se halla entre dos polos que, de no ser reconciliados, conducirán a la nación por el más terrible de los despeñaderos: la violencia y la guerra.

Para evitar semejante desgracia, se debe proceder a unir ambas mitades. Limar las asperezas y retomar el camino perdido hacia el mayor grado de bienestar para todos. Este argumento es el que comúnmente se desprende de los medios de comunicación y de lo que algunos denominan la “oposición sensata”.

Consideramos, sin embargo, que semejante llamado a la tolerancia y a la reconciliación es un engaño, una vil mentira cuyo objeto es cazar la mente de los inocentes y del espíritu pacifista que alimenta a los venezolanos.

A estas alturas del partido, después de tantas prórrogas, dilatorias y tiempo perdido no cabe duda de hacia dónde vamos y de quién es la responsabilidad por la que hoy día Venezuela es un país herido. En efecto, es el Estado, encarnado en la cara del gobierno bolivariano, el gran artífice de la constante violación a las libertades civiles y políticas de todos los ciudadanos.

¿Se puede tolerar semejante agravio? ¿Es dable reconciliarse con personas que pudieran –como mínimo- calificarse de criminales? Por querer vivir en paz y “sin guerra” Venezuela se ha transformado en un país cada día más violento. Existe una rabia contenida, un llanto invisible que se traduce en un país sin reglas conducido sin sentido de trascendencia, de posteridad. Impera el materialismo histórico, el hoy, el yo, el todo subyugado hacia el falso ideal social.

Un verdadero creyente de la libertad, del humanismo y de los valores fundamentales sobre los que se yergue la sociedad occidental no puede en modo alguno reconciliarse con el oprobio. Mucho menos puede aupar decisiones que tengan por objeto fomentar el peligro latente de la disminución del individuo.

Preocupa en demasía cuáles serán las medidas que tomarán quienes sucedan al gobierno bolivariano para preservar la libertad.

En Venezuela, se han visto ejemplos claros de cómo funciona el hacer “justicia” después de regímenes contrarios a los intereses de las “mayorías”. Examínense los juicios seguidos contra Marcos Pérez Jiménez, Arturo Uslar Pietri y Carlos Andrés Pérez.

El proceso del general se originó en la sed de justicia de los adecos. La realidad demostró que Pérez Jiménez, después de su pena, se retiró a vivir cómodamente en…Alcobendas, si la memoria no me falla. El juicio a Uslar Pietri será recordado como una de las mayores muestras de retaliación política del siglo XX venezolano. La eminencia gris de un régimen promisorio dilapidada por una cuerda de neomarxistas. Y en cuanto a Pérez, ¿qué decir? Se quiso depositar en el líder toda la basura que se acumuló por los males de la socialdemocracia.

¿La era del chavismo acabará con tres “procedimienticos” abiertos al presidente y a dos ministricos, para después publicar en Gaceta un decreto de amnistía? ¿O, por el contrario, habrá un seguimiento serio hacia cada persona responsable de lo que estamos viviendo en el presente?

Con cada crimen, un castigo. De lo contrario, los llamados a desfilar todos en el Magic Kingdom de la Avenida Bolívar serán una gran mentira. Los derechos fundamentales no son ecos de simples consignas “políticamente correctas”, sino realidades cuya defensa puede incluso sobrepasar lo que tanto se desea. Porque de nada sirve una paz que es tan sólo un espejismo. ¿O es que nuestra vida es una simple ilusión?