Libertarios de almidón
Por Andrés F. Guevara B.
Esta semana se caracterizó por lo que pudiera describirse como un debate de ideas sobre lo que deseamos como país. Cedice conmemoró sus veinticinco años de existencia invitando a Venezuela lo más granado de la intelectualidad libertaria latinoamericana.
La respuesta del gobierno no se hizo esperar. Ante una actividad de bajo perfil, auspiciada por una modesta ONG para un puñado de interesados, el régimen encendió las alarmas para alertar sobre la inminente conspiración ultraderechista que se gestaría públicamente desde un salón de Altamira.
De inmediato, la llegada de Vargas Llosa, su hijo y sus secuaces se convirtió en un show. Hasta una guitarrita de plástico recibió el escritor como regalo de bienvenida. En el Celarg, a dos cuadras del lugar donde se celebraría el evento del Cedice, las fuerzas de la vanguardia y la revolución montaron un tarantín para discutir el engendro diabólico del capitalismo. La imagen del niño que instala su puestito de venta de limonadas en la urbanización para hacerle competencia al mercado de la esquina.
Semejante infantilismo tuvo su cénit con el llamado a debate por parte del líder máximo. El reto se aceptó. La fecha y hora del duelo fueron fijadas. ¿Cumpliría su palabra el gendarme empíreo? No, porque él es un soldado, no un intelectual. A sabiendas de sus limitaciones, me pregunto, ¿cuál es la razón por la cual no deja que otras personas más capacitadas tomen las riendas del país?
En ese supuesto, claro está, el soldado –por razones que atentan contra toda lógica– debe continuar su misión. Qué acomodaticios son los argumentos en la práctica política. No se puede contraargumentar a una de las máximas figuras de la pléyade literaria latinoamericana, pero sí dominar ad infinitum los destinos de la patria.
Existen otros elementos que nos preocupan. En el evento del Cedice se encontraban personas que no tenían tradición libertaria. La pregunta fundamental es por qué estaban allí. Si lo hacían para compartir sus ideas, debatirlas, e incluso darse cuenta de que sus postulados no son los correctos, pues bienvenida su presencia. De hecho, esta debe ser fomentada a toda costa.
Si por el contrario, se atendió al llamado por una suerte de cosmopolitismo y figuración, de esnobismo típico de la conducta del venezolano, el llamado a la reflexión es imperativo. Quienes conocen el entorno político venezolano, saben de qué pie cojea cada actor nacional.
La mayoría de la intelectualidad venezolana, triste es decirlo, no tiene la más mínima idea de cuáles son los fundamentos de la libertad. Si llegasen a gobernar de nuevo, es casi seguro que no adoptarían un sistema libre para el desarrollo de sus políticas. Hablarían de redistribución y no de creación de la riqueza, el subsidio sería el grito de guerra y las misiones el hipnotismo de manipulación para las masas.
Como eje central una concepción errada de lo que es democracia. Puesto que la democracia no es un sistema de gobierno, sino una herramienta que sirve para tomar decisiones para la vida en sociedad. De allí el peligro que todo lo decida “por mayoría” el pueblo, puesto que existen aspectos de la dimensión humana que no pueden someterse a un tema de mayorías y minorías. El aspecto cardinal para vivir en libertad es el Estado de Derecho, Rule of Law.
¿Qué habría sucedido si Chávez hubiese debatido con Vargas Llosa? Difícil hacer un pronóstico. Pero quisiera remitirme a un episodio de la historia de Venezuela, en el que se dio un debate entre dos candidatos presidenciales: Rafael Caldera y Jaime Lusinchi. El resultado lo sabemos todos: Caldera, el intelectual ilustrado conocedor de la poesía de Andrés Bello, sucumbió ante la payasada mediática de aquel hombre que era “como tú”.
La práctica política se ha banalizado. Lo que a todas luces parecía una actividad seria y de provecho, se convirtió en un gallinero, en un “toma y dame” mediático, que recuerda a las declaraciones públicas de los boxeadores días antes de enfrentarse en el cuadrilátero. Y en el medio de esta locura, una oposición ignorante que sin tapujos ahora se denomina libertaria.
De inmediato, la llegada de Vargas Llosa, su hijo y sus secuaces se convirtió en un show. Hasta una guitarrita de plástico recibió el escritor como regalo de bienvenida. En el Celarg, a dos cuadras del lugar donde se celebraría el evento del Cedice, las fuerzas de la vanguardia y la revolución montaron un tarantín para discutir el engendro diabólico del capitalismo. La imagen del niño que instala su puestito de venta de limonadas en la urbanización para hacerle competencia al mercado de la esquina.
Semejante infantilismo tuvo su cénit con el llamado a debate por parte del líder máximo. El reto se aceptó. La fecha y hora del duelo fueron fijadas. ¿Cumpliría su palabra el gendarme empíreo? No, porque él es un soldado, no un intelectual. A sabiendas de sus limitaciones, me pregunto, ¿cuál es la razón por la cual no deja que otras personas más capacitadas tomen las riendas del país?En ese supuesto, claro está, el soldado –por razones que atentan contra toda lógica– debe continuar su misión. Qué acomodaticios son los argumentos en la práctica política. No se puede contraargumentar a una de las máximas figuras de la pléyade literaria latinoamericana, pero sí dominar ad infinitum los destinos de la patria.
Existen otros elementos que nos preocupan. En el evento del Cedice se encontraban personas que no tenían tradición libertaria. La pregunta fundamental es por qué estaban allí. Si lo hacían para compartir sus ideas, debatirlas, e incluso darse cuenta de que sus postulados no son los correctos, pues bienvenida su presencia. De hecho, esta debe ser fomentada a toda costa.
Si por el contrario, se atendió al llamado por una suerte de cosmopolitismo y figuración, de esnobismo típico de la conducta del venezolano, el llamado a la reflexión es imperativo. Quienes conocen el entorno político venezolano, saben de qué pie cojea cada actor nacional.
La mayoría de la intelectualidad venezolana, triste es decirlo, no tiene la más mínima idea de cuáles son los fundamentos de la libertad. Si llegasen a gobernar de nuevo, es casi seguro que no adoptarían un sistema libre para el desarrollo de sus políticas. Hablarían de redistribución y no de creación de la riqueza, el subsidio sería el grito de guerra y las misiones el hipnotismo de manipulación para las masas.
Como eje central una concepción errada de lo que es democracia. Puesto que la democracia no es un sistema de gobierno, sino una herramienta que sirve para tomar decisiones para la vida en sociedad. De allí el peligro que todo lo decida “por mayoría” el pueblo, puesto que existen aspectos de la dimensión humana que no pueden someterse a un tema de mayorías y minorías. El aspecto cardinal para vivir en libertad es el Estado de Derecho, Rule of Law.¿Qué habría sucedido si Chávez hubiese debatido con Vargas Llosa? Difícil hacer un pronóstico. Pero quisiera remitirme a un episodio de la historia de Venezuela, en el que se dio un debate entre dos candidatos presidenciales: Rafael Caldera y Jaime Lusinchi. El resultado lo sabemos todos: Caldera, el intelectual ilustrado conocedor de la poesía de Andrés Bello, sucumbió ante la payasada mediática de aquel hombre que era “como tú”.
La práctica política se ha banalizado. Lo que a todas luces parecía una actividad seria y de provecho, se convirtió en un gallinero, en un “toma y dame” mediático, que recuerda a las declaraciones públicas de los boxeadores días antes de enfrentarse en el cuadrilátero. Y en el medio de esta locura, una oposición ignorante que sin tapujos ahora se denomina libertaria.