Banking and Finance, Capital Markerts, Politics, History and Law / Banca y Finanzas, Mercado de Capitales, Historia y Derecho.
Monday, January 26, 2009
Corazón de leyes
"En su corazón de hombre de leyes, había un poeta pugnando por salir" (p.16). Extracto: Abril Rojo de Santiago Roncagliolo
Saturday, January 24, 2009
Responsabilidad cubrida
Responsabilidad cubrida
Por Andrés F. Guevara B.
No se asuste, amigo lector, por la anomalía gramatical del título. Que este cronista no ha perdido la hidalguía de su pluma, aún y cuando sus escritos son rechazados en los diarios de mayor circulación y prestigio del país. Pero cuando uno es un don nadie, como en mi caso, el espacio de divulgación se torna inexistente. ¿Cómo, por Dios, pretender quitarle el sitial a algún columnista de El Universal? ¡Qué osadía la mía! Y en el vacío que obtengo por respuesta (¿indiferencia?, ¿mala educación?, ¿histeria del editor de opinión por la miseria que gana como “periodista”?) me veo en la responsabilidad de dictar cátedra desde el olvido. Para mis lectores fieles, para la treintena de individuos que se toman la molestia de leer lo que escribo en esta especie de banda garage que es hoy mi escritura.
A todos, gracias.
Entremos en materia.
El motivo de este escrito no es otro que relatar una anécdota curiosa que sucedió en las últimas horas del día viernes 23 de enero de 2009.
El televisor estaba encendido. Solitario e indolente, como perro faldero, acompañaba mi viernes de soledad. Estaba sintonizando Buenas Noches, espectáculo circense con el que Globovisión tiene la pretensión de amenizar las noches de la audiencia venezolana frente a los atentados a la dignidad humana que diariamente se perpetran desde las televisoras del –una vez más– Estado.
Era del todo predecible que fuesen los representantes del movimiento estudiantil quienes estuvieran presentes en el programa. Después de una marcha mutilada en ruta y espíritu, era necesario que los jóvenes diesen sus impresiones al respecto. Muchos fueron los temas tratados: la represión, el cinismo del gobierno, la imposibilidad de llegar a la sede principal del Consejo Nacional Electoral, el apoyo de la sociedad civil a una causa de la que no puede ni debe permanecer ajena.
Entre todos los amigos del movimiento, sin embargo, había una figura que sobresalió en la entrevista. Un estudiante, que por razones de respeto (y para evitar que este escrito se torne en una crítica abierta a la imagen de una persona a la cual aprecio) llamaremos “Joaquín”.
Joaquín, macilento por la faena vivida en horas previas, daba muestras de agotamiento. Huesudo, sus compañeros atribuían el semblante famélico a la sobrecarga de trabajo que había tenido en los últimos días con las protestas de la enmienda. La franelilla roja le bailaba de un hombro a otro, desplazándose al compás de la cámara que una y otra vez lo enfocaba como protagonista de la historia.
Carla Angola dio el primer paso en la pista. Alabó a Joaquín por sus conocimientos jurídicos. “Dictó cátedra”, llegó a decir. Como si instruir a los funcionarios del gobierno en derecho fuera algo difícil. Orondo por la lisonja, nuestro amigo sentenció en vivo y directo varias frases en latín, como si ya los abogados no tuvieran fama de leguleyos imbéciles.
El resto de los invitados se reía de la sabiduría demostrada. Probablemente ninguno de ellos entendió qué quiso decir Joaquín –precisamente esa era la idea– pero era jocoso, cuando menos, reírse de la propia miseria. Al demonio con los requisitos para solicitar un amparo constitucional, nuestro hombre habló en latín. Arrodíllense.
El segundo acto comienza con Roland Carreño, escriba de la sociedad y el estatus. ¡Pobre Roland! Vivir esta hora oscura para la alta alcurnia caraqueña constituida por los escombros de algunas familias gomecistas, cuartorrepublicanas, pero sobre todo por boliburgueses. Pero existen excepciones y Roland cedió a la tentación. Comentó que Joaquín era descendiente directo de un héroe de la independencia venezolana. Le pidió permiso al invitado y su nombre fue revelado. (Nos reservamos la identidad nuevamente por respeto).
Teníamos ante nuestros ojos la imagen de un erudito descendiente de un patricio margariteño. ¿Criticable? No. ¿Un tanto banal el contenido del programa para la situación menguada que enfrenta la patria? Por supuesto, pero no debemos olvidar que los medios funcionan como una panadería: oferta y demanda. La audiencia pide a gritos la historia de un joven aristocrático que deja todo para rescatar a Venezuela de la guarida del tirano antidemocrático.
Pero vino el tercer acto, y a Joaquín le preguntaron qué le diría al presidente. El muchacho no titubeó: “Que se dedique a gobernar”. Unas palabras más. Y finalmente el estruendo: “Porque existen varios problemas cuya responsabilidad debe ser “cubrida” por el gobierno”. ¡Horror! El hombre de mil luces y genoma criollo blasfemando la lengua cervantina.
¿Nervios ante la persecución de la lente? ¿Lapsus menti como consecuencia de congelamiento neuronal producido por el aire acondicionado del estudio de televisión? Je ne crois pas. En los últimos días Joaquín declara a los medios la misma cantidad de veces que un marxista empedernido exalta la fuerza oculta del proletariado.
Lo triste fue el mutismo de los panelistas, porque nadie corrigió a Joaquín. ¿No se habría dado cuenta Roland de aquella falta de respeto al lenguaje? Un hombre cuidado en las formas y modales, en el rictus de la etiqueta y el buen proceder, ¿no habría recordado inmediatamente que fue esa palabra, ese neologismo, ese “cubrida”, el que terminó de consagrar en los anaqueles del oprobio a Blanca Ibáñez, compañera sentimental de un tal Jaime Lusinchi?
El problema no es Joaquín. Todos podemos equivocarnos. Aunque en este caso la soberbia del personaje hace pensar que el desliz se debe al peor de todos los males: la ignorancia. El meollo se halla en la complicidad del periodista. En el juego de los medios de presentar como salvadores a hombres falibles que necesitan orientación, no el destello del flash, que alimenta egos pero destruye posibilidades.
Joaquín deberá aprender a hablar español. Con un poco de esfuerzo y dedicación probablemente pueda dominar las conjugaciones verbales elementales y lo más seguro es que siga siendo un hombre de provecho para la patria lesa. En cambio, nuestra sociedad mucho tiene que reflexionar. Como dijo Romero García, Venezuela “es el país de las nulidades engreídas y las reputaciones consagradas”.
Mientras tanto, sigo escribiendo desde mi garage.
A todos, gracias.
Entremos en materia.
El motivo de este escrito no es otro que relatar una anécdota curiosa que sucedió en las últimas horas del día viernes 23 de enero de 2009.
El televisor estaba encendido. Solitario e indolente, como perro faldero, acompañaba mi viernes de soledad. Estaba sintonizando Buenas Noches, espectáculo circense con el que Globovisión tiene la pretensión de amenizar las noches de la audiencia venezolana frente a los atentados a la dignidad humana que diariamente se perpetran desde las televisoras del –una vez más– Estado.
Era del todo predecible que fuesen los representantes del movimiento estudiantil quienes estuvieran presentes en el programa. Después de una marcha mutilada en ruta y espíritu, era necesario que los jóvenes diesen sus impresiones al respecto. Muchos fueron los temas tratados: la represión, el cinismo del gobierno, la imposibilidad de llegar a la sede principal del Consejo Nacional Electoral, el apoyo de la sociedad civil a una causa de la que no puede ni debe permanecer ajena.
Entre todos los amigos del movimiento, sin embargo, había una figura que sobresalió en la entrevista. Un estudiante, que por razones de respeto (y para evitar que este escrito se torne en una crítica abierta a la imagen de una persona a la cual aprecio) llamaremos “Joaquín”.
Joaquín, macilento por la faena vivida en horas previas, daba muestras de agotamiento. Huesudo, sus compañeros atribuían el semblante famélico a la sobrecarga de trabajo que había tenido en los últimos días con las protestas de la enmienda. La franelilla roja le bailaba de un hombro a otro, desplazándose al compás de la cámara que una y otra vez lo enfocaba como protagonista de la historia.
Carla Angola dio el primer paso en la pista. Alabó a Joaquín por sus conocimientos jurídicos. “Dictó cátedra”, llegó a decir. Como si instruir a los funcionarios del gobierno en derecho fuera algo difícil. Orondo por la lisonja, nuestro amigo sentenció en vivo y directo varias frases en latín, como si ya los abogados no tuvieran fama de leguleyos imbéciles.
El resto de los invitados se reía de la sabiduría demostrada. Probablemente ninguno de ellos entendió qué quiso decir Joaquín –precisamente esa era la idea– pero era jocoso, cuando menos, reírse de la propia miseria. Al demonio con los requisitos para solicitar un amparo constitucional, nuestro hombre habló en latín. Arrodíllense.
El segundo acto comienza con Roland Carreño, escriba de la sociedad y el estatus. ¡Pobre Roland! Vivir esta hora oscura para la alta alcurnia caraqueña constituida por los escombros de algunas familias gomecistas, cuartorrepublicanas, pero sobre todo por boliburgueses. Pero existen excepciones y Roland cedió a la tentación. Comentó que Joaquín era descendiente directo de un héroe de la independencia venezolana. Le pidió permiso al invitado y su nombre fue revelado. (Nos reservamos la identidad nuevamente por respeto).
Teníamos ante nuestros ojos la imagen de un erudito descendiente de un patricio margariteño. ¿Criticable? No. ¿Un tanto banal el contenido del programa para la situación menguada que enfrenta la patria? Por supuesto, pero no debemos olvidar que los medios funcionan como una panadería: oferta y demanda. La audiencia pide a gritos la historia de un joven aristocrático que deja todo para rescatar a Venezuela de la guarida del tirano antidemocrático.
Pero vino el tercer acto, y a Joaquín le preguntaron qué le diría al presidente. El muchacho no titubeó: “Que se dedique a gobernar”. Unas palabras más. Y finalmente el estruendo: “Porque existen varios problemas cuya responsabilidad debe ser “cubrida” por el gobierno”. ¡Horror! El hombre de mil luces y genoma criollo blasfemando la lengua cervantina.
¿Nervios ante la persecución de la lente? ¿Lapsus menti como consecuencia de congelamiento neuronal producido por el aire acondicionado del estudio de televisión? Je ne crois pas. En los últimos días Joaquín declara a los medios la misma cantidad de veces que un marxista empedernido exalta la fuerza oculta del proletariado.
Lo triste fue el mutismo de los panelistas, porque nadie corrigió a Joaquín. ¿No se habría dado cuenta Roland de aquella falta de respeto al lenguaje? Un hombre cuidado en las formas y modales, en el rictus de la etiqueta y el buen proceder, ¿no habría recordado inmediatamente que fue esa palabra, ese neologismo, ese “cubrida”, el que terminó de consagrar en los anaqueles del oprobio a Blanca Ibáñez, compañera sentimental de un tal Jaime Lusinchi?
El problema no es Joaquín. Todos podemos equivocarnos. Aunque en este caso la soberbia del personaje hace pensar que el desliz se debe al peor de todos los males: la ignorancia. El meollo se halla en la complicidad del periodista. En el juego de los medios de presentar como salvadores a hombres falibles que necesitan orientación, no el destello del flash, que alimenta egos pero destruye posibilidades.
Joaquín deberá aprender a hablar español. Con un poco de esfuerzo y dedicación probablemente pueda dominar las conjugaciones verbales elementales y lo más seguro es que siga siendo un hombre de provecho para la patria lesa. En cambio, nuestra sociedad mucho tiene que reflexionar. Como dijo Romero García, Venezuela “es el país de las nulidades engreídas y las reputaciones consagradas”.
Mientras tanto, sigo escribiendo desde mi garage.
Friday, January 23, 2009
Breves notas sobre el "Humanismo Popular"
Día ajetreado, de múltiples razones y argumentos. No obstante, en los pasillos de la Universidad Monteávila me topé con un término nuevo y curioso para mí: “Humanismo popular”. Con estos vocablos se pretende articular una nueva fuerza política. No quise ahondar mucho en el tema, sobre todo para no discutir con mi interlocutor, pero pensé cuatro cosas inmediatamente:
1)Es contradictorio tener un humanismo "popular". No imagino al humanismo (entendido como una concepción integral del hombre que se fundamenta en ideas ilustradas y grecolatinas que a su vez son el basamento de la cultura occidental) como idea para las masas. No visualizo al colectivo discutiendo a Aristóteles. Si ya las “élites” desprecian una formación integral –puesto que su educación se enfoca en términos de rentabilidad– no creo que un hombre que a duras penas luche por su subsistencia esté pendiente de forjarse en las “ideas humanistas”.
2)Se está utilizando el término humanismo de forma desacertada. La RAE distingue tres acepciones para esta palabra:
1. m. Cultivo o conocimiento de las letras humanas.
2. m. Movimiento renacentista que propugna el retorno a la cultura grecolatina como medio de restaurar los valores humanos.
3. m. Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos.
Si lo que se busca es mencionar elementos esenciales a toda vida humana, no se haría referencia al “humanismo” sino a principios de derecho natural, cosa muy distinta: allí se incluiría la vida en primer término, la libertad en segunda instancia, la propiedad como tercer elemento. En discusión estaría esa idea difusa y peligrosamente utilizada que llamamos “bien común”, concepto abstracto que casi siempre –junto con la “justicia social”- solo ha servido para empobrecer a las naciones.
3)La etiqueta “popular”. ¿Es que no habrá alguna fuerza o movimiento político que pueda prescindir del adjetivo? “Popular” y “social”, los dos calificativos más engañosos de la historia política que civilización alguna conozca.
4)Esta idea de humanismo popular hace referencia a la democracia cristiana o socialcristiana. En Venezuela, al menos esa es mi percepción, esta ideología política se ha venido disgregando y al dividirse en múltiples movimientos corre el riesgo de perder fuerza. Los discípulos de Maritain deberían reformar su Copei natal (perdón, ahora Copei "Partido Popular"), coger fuerzas y no regarse como escarcha en pesebre de primaria. Probablemente así lograrán más de lo que hoy tienen y recuperarán los espacios y poder que en otros tiempos detentaron.
1)Es contradictorio tener un humanismo "popular". No imagino al humanismo (entendido como una concepción integral del hombre que se fundamenta en ideas ilustradas y grecolatinas que a su vez son el basamento de la cultura occidental) como idea para las masas. No visualizo al colectivo discutiendo a Aristóteles. Si ya las “élites” desprecian una formación integral –puesto que su educación se enfoca en términos de rentabilidad– no creo que un hombre que a duras penas luche por su subsistencia esté pendiente de forjarse en las “ideas humanistas”.
2)Se está utilizando el término humanismo de forma desacertada. La RAE distingue tres acepciones para esta palabra:
1. m. Cultivo o conocimiento de las letras humanas.
2. m. Movimiento renacentista que propugna el retorno a la cultura grecolatina como medio de restaurar los valores humanos.
3. m. Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos.
Si lo que se busca es mencionar elementos esenciales a toda vida humana, no se haría referencia al “humanismo” sino a principios de derecho natural, cosa muy distinta: allí se incluiría la vida en primer término, la libertad en segunda instancia, la propiedad como tercer elemento. En discusión estaría esa idea difusa y peligrosamente utilizada que llamamos “bien común”, concepto abstracto que casi siempre –junto con la “justicia social”- solo ha servido para empobrecer a las naciones.
3)La etiqueta “popular”. ¿Es que no habrá alguna fuerza o movimiento político que pueda prescindir del adjetivo? “Popular” y “social”, los dos calificativos más engañosos de la historia política que civilización alguna conozca.
4)Esta idea de humanismo popular hace referencia a la democracia cristiana o socialcristiana. En Venezuela, al menos esa es mi percepción, esta ideología política se ha venido disgregando y al dividirse en múltiples movimientos corre el riesgo de perder fuerza. Los discípulos de Maritain deberían reformar su Copei natal (perdón, ahora Copei "Partido Popular"), coger fuerzas y no regarse como escarcha en pesebre de primaria. Probablemente así lograrán más de lo que hoy tienen y recuperarán los espacios y poder que en otros tiempos detentaron.
Sunday, January 18, 2009
Los soldados de Maquiavelo
Por Andrés F. Guevara B.
Maquiavelo es recordado como un hombre de pensamiento político descarnado y amoral. De esta forma, el término “maquiavélico” adquiere la oscuridad de lo denigratorio, de lo calculador, de lo que todo dirigente noble no debe hacer si quiere gobernar su Estado en el marco de un sistema libre y democrático. Las enseñanzas del florentino, sin embargo, siguen teniendo vigencia y al ponerlas en práctica se pueden sortear innumerables obstáculos que hoy conforman el proceso político venezolano.
En días recientes, el movimiento estudiantil retomó las calles para protestar en contra de la enmienda constitucional. Razones de sobra tienen los jóvenes para alzar su voz contra esta propuesta antijurídica. Sin embargo, queda en el tapete si los medios empleados y las actividades realizadas están cumpliendo sus objetivos o, por el contrario, la fuerza de las manifestaciones se diluye en una serie de prácticas ejecutadas con muy buena intención pero desprovistas de sustento libertario.
Nos preguntamos: ¿Cerrar las universidades y trancar las autopistas tiene sentido en el presente? Los partidarios de estas medidas indican –con razón– que el estudiantado se encuentra apático ante la gravedad de lo que representa la idea de la reelección indefinida. Así, parece lógico “calentar la calle” y dotar de fogosidad, ánimo y energía una protesta en la que se juega el futuro del país.
En los últimos diez años, sin embargo, “el futuro del país” ha estado en juego en todas las elecciones y procesos de participación popular. Como si después del 15 de febrero no hubiera mañana para el país. “Si se pierde la enmienda Venezuela caerá en un abismo sin fondo”. La realidad nos dice, no obstante, que sí hay mañana, que hay días claros y noches oscuras, pero en el tablero político no existen absolutos ni verdades imperturbables.
La universidad representa el encuentro de lo diverso. Si no se permite la multiplicidad no habrá democracia y libertad que valgan. Coaccionar –y el cierre de la universidad es una acción coactiva– al estudiantado a participar en las protestas es caer en el mismo juego totalitario del gobierno.
Maquiavelo señala que un príncipe defiende su Estado con tres clases de tropas: propias, mercenarias, auxiliares o mixtas. Dice el florentino que las dos últimas son peligrosas para la causa. Las mercenarias sólo funcionaran con base en el dinero, en tanto que las auxiliares sirven siempre y cuando sus intereses se vean colmados, satisfechos. No hay ganancia, no hay respaldo.
Si se hace un símil con el movimiento estudiantil, se entenderá que la única manera de que el colectivo como tal esté dotado de articulación y fuerza es a través de tropas propias, es decir, de soldados que estén protestando porque efectivamente tienen la convicción del reclamo y de los valores y principios que están en riesgo.
Cerrar la universidad, trancar las autopistas y constreñir de cualquier otra forma a los estudiantes sólo dará como resultado más volumen, más masa, más ganado: tropas auxiliares o prestadas.
Napoleón tuvo un ejercito con más de quinientos mil hombres. Decidió invadir Moscú y salió derrotado. La muerte de sus hombres se debió al invierno de sus convicciones: nadie quería luchar esa guerra. En la Batalla de Carabobo un puñado de hombres, superados –cuando menos– 3 a 1 por los realistas le otorgaron la independencia a Venezuela. Hambrientos y en desventaja se aferraban a su creencia de un país libre.
La convicción vendrá, porque un hombre que vive en libertad difícilmente entregará su don más preciado para transformarse en esclavo. Las reacciones iracundas y desmedidas del primer mandatario nacional en relación con la nueva oleada de protestas no menguarán la mecha. Por el contrario, incentivarán a los hombres dormidos a tomar el relevo con los demás, pero siempre, porque libremente han decidido cruzar este camino.
No hay cabida para la represión.
Mensaje final: “Aquello a lo que te resistes persiste”, dijo Carl Jung. El gobierno parece haber olvidado el significado de esta frase. No hagamos nosotros lo mismo. Pensemos siempre en libertad.
Wednesday, January 14, 2009
La tía Julia y el Derecho
Sunday, January 11, 2009
La ciudadanía y el robo
La ciudadanía y el robo
Por Andrés F. Guevara B.
Escribo desde un país marchito, en el que cada pétalo que se desprende está acompañado de esperanzas por un futuro promisorio, pleno en felicidad, donde cada ciudadano pueda alcanzar a plenitud sus sueños y verdades.
Defender la causa libertaria en este frente de guerra, en este jardín tribal, equivale a luchar contra una inmensa montaña cuyas faldas están plegadas a la mediocridad y al conformismo.
Existe un tema que hoy se asoma como preocupante. Sí, preocupante del todo. Y tiene que ver, ¡cuándo no!, con la enmienda constitucional y la mentalidad eleccionista que rige al Estado venezolano.
Abrigo innumerables dudas sobre el porvenir de Venezuela después de los resultados electores de la enmienda. Gane el “Sí” o el “No”, poco variará el cuadro político del país. Chávez y su séquito basados en lo que la teoría de la argumentación conoce como persistencia irracional encontrarán una nueva grieta –ajena, claro está, al estado de Derecho y a la Constitución– para intentar por tercera, cuarta, décima vez la indefinición en la reelección de sus cargos públicos.
No habrá el tan ansiado “esta vez Chávez no tiene otra salida que aceptar la entrega del mando”, porque en un Estado que moldea el ordenamiento jurídico como plastilina, el irrespeto a los derechos y libertades civiles y políticas no tiene límites. Y la oposición, pusilánime y advenediza, incapaz de proclamar un mensaje honesto en pos de la complacencia popular en las próximas elecciones, siempre las próximas elecciones, nada dirá y sujetos al colaboracionismo espurio le harán el juego al gobierno bolivariano.
Este es el cuadro político en ciernes. Opaco, carente de sentido, mediocre. Sin embargo, la nueva propuesta eleccionista, trascendental para la historia de Venezuela está acompañada de una falta inexcusable para cualquier partidario férreo de la democracia: la ausencia de ciudadanía.
El Consejo Nacional Electoral decidió (?) no abrir el registro electoral para nuevos votantes con el objeto de que estos puedan ejercer su derecho al voto en la próxima consulta popular. Así, los jóvenes que hayan cumplido dieciocho años dentro del lapso que comprende el cierre del último registro electoral y la fecha presente, NO podrán votar en la “egregia y sublime” consulta soberana relativa a la enmienda constitucional.
¿Cuál es la razón de esta medida? Nadie lo sabe con certeza, mas si deja a un lado la excusa oficial de logística electoral, pareciera que la premura para la realización del referendo va en detrimento del principio de soberanía popular. Cuanto antes, mejor. No importa a quién me lleve por el medio. Así sea a mi propio pueblo.
Esta actitud constituye una desfachatez para un gobierno que ha proclamado a los cuatro vientos la importancia de la participación popular en el desarrollo del proceso político. El voto constituye el bastión fundamental de esta idea que hoy parece olvidada por el oficialismo.
La nacionalidad, concepto del todo cuestionable, deviene en ciudadanía y esta a su vez no es más que la titularidad de deberes y derechos políticos. Si el gobierno quiere ser coherente con su proyecto, con su proceso, con su noción de igualdad bolivariana, debe actuar de conformidad con su verbo.
Diez años atrás la revolución se convirtió en el himno de los excluidos. Hoy, los socialistas son los responsables de que esas notas sigan teniendo significado. Desde un palacio apertrechado de soledad se olvida el camino que condujo a la grandeza: el voto. La ciudadanía ha sido robada.
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Sunday, January 04, 2009
El panteón caribeño
El panteón caribeño
Por Andrés F. Guevara B.
La izada del pabellón cubano en el panteón nacional es una de las manifestaciones más emblemáticas de la realidad que aqueja a nuestro país. Desde el punto de vista fáctico, poca importancia tiene que un pedazo de tela esté ondeando en la cúspide de un edificio. En el ámbito de lo simbólico representa la supremacía de una patria ajena en el lugar donde se le rinde culto al heroísmo criollo.
No estoy de acuerdo con lo que representa el panteón nacional. Un salón de la fama donde los excluidos no valen nada, y cada vez que se incorporan los restos de algún héroe existe una maniobra política que antecede dicho ingreso al campo santo de los ilustres.
Hay aplausos, loas, breves reseñas del hombre célebre que una vez en el panteón se despega de la plebe y forma parte de un grupo selecto en la memoria colectiva. Muchos elegidos, qué duda cabe, son merecedores de la gloria y el reconocimiento. Otros, en cambio, descansan bajo las lozas de mármol con un historial repleto de credenciales dudosas siempre acompañadas de la preponderancia de la bota sobre el civismo.
Existen formas mucho más concretas y realistas de rendir homenaje a las grandes figuras que descansan en el panteón. Más allá de una ofrenda floral, hermosa por la belleza misma de la flor, el venezolano puede recordar las gestas del pasado haciendo eco de ellas en su propia conducta, rescatando, por así decirlo, los valores que se revelaban en el actuar y proceder de los hombres sobresalientes de nuestra historia.
La diatriba que se presenta, sin embargo, no versa sobre la existencia del panteón nacional. Expuse mi punto de vista porque lo consideré pertinente para esta reflexión. En este caso, la disyuntiva se halla en el hecho de que la bandera de Cuba ondee su estela en el Panteón Nacional de Venezuela.
Los nacionalismos de por sí rayan en lo estúpido. La mayoría de los gobiernos autoritarios han empleado la exaltación de lo nacional como herramienta para atornillarse perennemente en el poder, y la patria, tristemente, ha sido la que más ha sufrido cuando fogosamente se anima su valía.
Thomas Jefferson tiene una frase de culto: “The tree of liberty must be refreshed from time to time with the blood of patriots and tyrants”. Existen sacrificios indescriptibles en nombre de ese árbol de la libertad. Pero Jefferson no entiende el patriotismo como un nacionalismo barato, lo concibe como una semilla de libertad. Así pues, una cosa es amar a la patria y otra muy distinta verse obligado a rendir pleitesía a manifestaciones aéreas que no llegan al sustrato de lo que es un país.
Si ya el nacionalismo se muestra como un atentado al sentido mismo de amor hacia una nación, ¿qué representará entonces exacerbar la imagen de un país en tierra ajena? La bandera de Cuba en el panteón no es más que una imposición. Una provocación que lacera el corazón de los venezolanos en uno de sus aspectos más sensibles: su patrioterismo.
Aunque no esté de acuerdo con este patrioterismo, debo reconocer que si este es un pueblo que considera su adhesión populista a los símbolos patrios –en especial la bandera– como una manifestación de amor a Venezuela, es cuando menos un insulto y una afrenta que el pabellón cubano ondee en el glorioso panteón nacional. Qué más da si la bandera se emplea en biquinis y toallas… nada más degradante que la bandera de Cuba en la cúspide.
Me molesta el patrioterismo local, pero es hasta cierto punto comprensible por el modo de hacer política para las masas. Una concepción endeble de soberanía a la que en buena medida ha contribuido la clase intelectual de este país. Más me molesta, sin embargo, que ahora además del patrioterismo venezolano se quiera imponer un patrioterismo extranjero. Rendir culto a un país ajeno a mi vida, a mis intereses, a mi historia.
Respeto a Cuba. Una tierra necesitada de libertad. Pero el respeto no implica devoción. Se hace difícil pasar por alto esa idea de la bandera caribeña en la supremacía. Y el venezolano, tan patriotero, tan amante de su país, ni chista, ni protesta, ni dice nada. Adormecido, pareciera no importarle que le vulneren uno de los símbolos que considera más sagrados: su bandera. En plenas fiestas, en medio de diciembre.
¿Dónde quedó el patriotismo del bravo pueblo? Como la mayoría de las expresiones hechas de retórica… se las llevó el viento.
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