Vientos constituyentes
Por Andrés F. Guevara B.
La Constitución de 1999 nació espuria. Irrespetó las bases de su progenitora, la Constitución de 1961. Socavó el Estado de Derecho y conformó el falso andamiaje de un Estado Social que sólo ha traído consigo el atraso y la miseria.
En este contexto de fracasos, se escucha el rumor de una constituyente. La creación de una nueva Constitución, cuyo objeto será el afianzamiento final del socialismo como eje rector de la vida nacional.
La historia de Venezuela es profusa en cuanto al número de constituciones que se han desarrollado en su territorio. Nos acercamos ya a la treintena de normas fundamentales. La mayoría de ellas conducentes al descalabro y la perdición.
No hace falta ser un gran jurista para comprender la razón por la que las constituciones venezolanas han devenido en la negación de un país próspero y libre. Es la ausencia del consenso, la inexistencia de un acuerdo inclusivo de todos los sectores de la sociedad, lo que conduce a lo efímero y afecta el espíritu de perdurabilidad que debe tener todo texto constitucional.
Cuando la Constitución pierde su significado normativo y se transforma en una declaración de propósitos personalistas, se dilapida su fin y se avizora el presagio de un conflicto en el cual las víctimas son los ciudadanos ansiosos de respuestas concretas a sus miserias humanas.
En este contexto de fracasos, se escucha el rumor de una constituyente. La creación de una nueva Constitución, cuyo objeto será el afianzamiento final del socialismo como eje rector de la vida nacional.
La historia de Venezuela es profusa en cuanto al número de constituciones que se han desarrollado en su territorio. Nos acercamos ya a la treintena de normas fundamentales. La mayoría de ellas conducentes al descalabro y la perdición.
No hace falta ser un gran jurista para comprender la razón por la que las constituciones venezolanas han devenido en la negación de un país próspero y libre. Es la ausencia del consenso, la inexistencia de un acuerdo inclusivo de todos los sectores de la sociedad, lo que conduce a lo efímero y afecta el espíritu de perdurabilidad que debe tener todo texto constitucional.
Cuando la Constitución pierde su significado normativo y se transforma en una declaración de propósitos personalistas, se dilapida su fin y se avizora el presagio de un conflicto en el cual las víctimas son los ciudadanos ansiosos de respuestas concretas a sus miserias humanas.
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