Tuesday, July 28, 2009

Comunicar la estupidez

Comunicar la estupidez

Por Andrés. F. Guevara B.


Nadie niega la importancia de los medios de comunicación. En ellos se pone de manifiesto la libertad de expresión en su máxima exponencia. Podría decirse incluso que es a través de los medios que la libertad de expresión adquiere su dimensión social, masiva. Con ello no busco disminuir la importancia de la comunicación vis-à-vis en la que indudablemente la libertad de expresión también existe y se torna esencial para el adecuado desarrollo del ser humano.

Pero no es un grupete de viejos jugando ajedrez en el parque lo que preocupa al gobierno. Tampoco las gordas caminadoras que derrocan al régimen en La Lagunita lo que mueve el suelo de los comunistas que hoy gobiernan a Venezuela. Les preocupa, ni más ni menos, las “noticias” y la “información” que diariamente transmiten los medios de comunicación privados en Venezuela.

Llegados a este punto nos damos cuenta del foso en el que nos hallamos, del nivel de decadencia al que hemos descendido como sociedad. Cualquier ser que se preste de tener la cualidad de pensar, se dará cuenta de que los medios de comunicación dan lástima y tienen una responsabilidad insoslayable en relación con las circunstancias que hoy estamos padeciendo.

No es un secreto que Venezuela está estancanda. Sólo los temerarios y los que ya no tienen nada que perder apuestan a un país en el que no existen garantías. De allí que Venezuela sea el edén para la guerrilla colombiana, la mafia italiana, los separatistas vascos, los fanáticos del islam, así como para cualquier otra organización que pueda ser tildada de “bad boy” por el orden internacional.

Esa es la realidad, por dolorosa que sea. De nada sirven los llamados de “yo me quedo en Venezuela” proclamados por algunos jóvenes dirigentes y visionarios. Su idealismo, tristemente, no va en la misma dirección que el riesgo país. Y los inversionistas siguen los indicadores de Bloomberg y Standard & Poor’s, no la ilusión de lo que quisiéramos ser como nación.

Lo cierto es que el contenido de los medios de comunicación irrita al gobierno.

No puedo dejar de observar con preocupación esta afirmación. Dentro de la era del gobierno bolivariano ha surgido una nueva profesión: la de analista político. Es decir, un antiguo dirigente cuartorrepublicano, alcalde, gobernador o diplomático cuyas credenciales son pasadas por alto y, de manera misteriosa, se le acuña el oficio rimbombante de “analista”.

Estos sujetos, curiosamente, andan pronosticando el fin del gobierno desde el momento mismo de su constitución. Tamaña irresponsabilidad no puede ser pasada por alto. Pero existe algo peor, un aspecto del que el gobierno bolivariano y sus adeptos deberían estar agradecidos, cual niñita del Merici que celebra su azaroso camino hacia el grado de bachiller con una magna piscinada.

Los analistas han llegado a la conclusión de que los fines del gobierno venezolano son correctos. La equivocación se da en los medios que se emplean. Dicho de otro modo: el socialismo es válido como sistema para construir la sociedad, lo que no se quiere es un socialismo radical, sino un socialismo a la usanza “europea”. Ustedes saben, al estilo español, en el que las personas sólo piensan en ir de tapas, dejar jeringas en los parques y auspiciar el reconocimiento de los derechos de los desviados sexuales por obra y gracia del relativismo.

El reconocimiento del socialismo como discurso válido implica, de manera hipócrita, la aquiescencia de una opinión que socava la libertad y deja al hombre como un instrumento de algo indescifrable: el bienestar de la sociedad.

Sea por conveniencia, rating o share, los fines últimos de los bolivarianos han sido consentidos por los mass media criollos. Así, se despotrica al gobierno y se denuncia su proyecto progresista no por la convicción de sustituir una visión de país por otra, sino simplemente por el hecho de que sean otros quienes detenten el poder dentro del Estado Social.

Luce aterrador el peligro de la hegemonia comunicacional oficialista. Nadie quiere unos medios de comunicación ciclópeos. Mas en el fondo no debe olvidarse que los medios de comunicación privados en Venezuela, en su gran mayoría, constituyen oligopolios, y aplicando la sabiduría popular, cada quien tira para su lado.

Los dueños de los medios indican que ellos ofrecen lo que la gente quiere. Sabiamente entienden que la oferta y la demanda también se aplica para las televisoras. Radio Rochela y Aló, Ciudadano, tienen una audiencia que quiere ver esos programas. Sin espectadores no hay publicidad y sin publicidad no hay show.

El problema que se presenta con este argumento resulta devastador. Los medios se abren a lo “social” descaradamente y por puro pragmatismo. Y por la demanda de contenido “social” no permiten el paso a la difusión de la libertad. La conclusión es obvia: se piensa que el venezolano promedio no está listo para vivir en libertad.

Con esta premisa de fondo se clama por un “proyecto de país”. No hay frase más terrible que esta, porque con ella lo que se quiere escenificar no es otra cosa que la aparición de un constructor que sea capaz de “planificar” lo que quiere la sociedad. Planificación, misión, operativo. Tres palabras distintas que describen un mismo objetivo: control.

En esta hora menguada, en la que la audiencia siente como “suyas” las plantas televisoras y las estaciones de radio que los “representan”, no deja de ser curioso que los ciudadanos no sean dueños de dichos medios. Hace algunas semanas leí en algún espacio que sería más decoroso de parte de los dueños de los medios privados permitir a los interesados comprar acciones de los canales y las radios –así sean acciones clase “Z”–.

Con ello, Zuluaga no dejaría de ser el dueño de Globovisión. Tampoco perdería el control del canal. Sin embargo, ese gesto –populachero sin duda– sería más cercano a la idea de que el canal le pertenece a la “audiencia” que una burda propaganda en la que un viejito proclama que se quedaría sin vida si Globovisión desapareciese. Los accionistas podrían tener dividendos y semejante operación no pudiera equipararse a la toma de control por parte el pueblo (Estado) a través de las vías de hecho tan comunes en nuestra época.

La hegemonía comunicacional antilibertaria amenaza por todas partes y ningún creyente verdadero de las ideas de libertad puede llamarse al engaño. Preocupante es que el Estado haga tabla rasa con su poder omnímodo, del mismo modo que los medios privados se autocensuren por conveniencia y estadística.

Fue Albert Camus quien dijo que en la historia siempre habrá víctimas y victimarios, y que tocaba a los seres pensantes no ponerse jamás del lado de los últimos. Dadas las circunstancia actuales, todos sabemos cuál es el papel que juega la libertad en Venezuela y la tarea que tenemos, quienes nos ufanamos de pensar, de defenderla a toda costa.

1 comments:

Igor Zurimendi said...

Comparto totalmente la idea de que la sociedad venezolana ha aceptado el discurso socialista y lo insufrible que es el constante parloteo acerca de lo "social".
Ahora bien, me parece gratuito y sencillamente equivocada la referencia que haces a espania. En primer lugar, porque lo que mencionas como características del socialismo ibérico tienen muy muy poco que ver con la propiedad pública de los medios de producción o la intervención del Estado en la economía, con lo que escasamente se pueden ver como socialistas. Yo por mi parte celebro que sea un país lo suficientemente rico como que las personas solo piensen en ir de tapas (lo dudo mucho, eso sí), aunque no lo haría no encuentro lo malo en el consumo de heroína (en que quedó la libertad de hacer con tu cuerpo lo que quieras) y me parece más bien un logro el reconocimiento de los derechos de "desviados sexuales".
Saludos