Caja de sorpresas
Por Andrés F. Guevara B.
No alcanzan los dedos de las manos para contar los actos que realizó el presidente de la república esta semana. No obstante, sí existe una variable fundamental que entreteje las acciones de “You know who” en estos siete días: el atentado en contra de la propiedad privada.
“Esto no es Cuba”, en más de una ocasión se escuchaba decir. Con esta expresión se da a entender que Venezuela estará destruida, sí cierto, pero que jamás su estado de putrefacción será el mismo que el de la isla caribeña, puesto que el petróleo no es azúcar, y la tierra que nos bordea no es el mar lleno de tiburones que circunda a La Habana.
Hay quienes apuestan a que la debacle económica terminará con la fantasía del socialismo del siglo XXI. Que el populismo misionero se hace insostenible con estos ingresos y pare usted de contar…
Por el contrario, creo que esta es una oportunidad de oro para el gobierno bolivariano. Cuba, Zimbaue y los demás países comunistas que restan en el mundo son reinados pobres. De este modo, si la revolución venezolana realmente quiere vivir su orgasmo marxista necesita empobrecernos, y qué mejor manera que hacerlo a través de la nacionalización de lo que queda de país.
Nadie produce a pérdida. Reglas del malvado mercado liberal. En consecuencia, cuando todo esté nacionalizado, las empresas del Estado tampoco podrán producir a pérdida, y para evitarlo, racionarán y disminuirán la producción. Habrá arepas a medio dólar americano, sí, pero sólo un puñado en la existencia de las areperas. El mismo patrón de conducta se repetirá con los alimentos básicos.
Los bancos son otras instituciones a las que hay que observar con cuidado. Si el gobierno no puede comprarlos porque se quedó sin dinero buscará adueñarse de ellos a través de una vía más barata. Creará rumores, habrá “corridas”. Declarada la quiebra, el Estado protector intervendrá a puertas cerradas y el resultado no será otro que…una nacionalización indirecta.
No crea la gente que con la nacionalización se hará justicia, que se habrá dado su merecido a los “especuladores” dueños de Polar. Esta empresa tendrá décadas en Venezuela, pero el capital no está atado al nacionalismo. Si no se puede producir harina pan en mi tierra, pero se hace rentable fabricarla en Bogotá o en Río, los empresarios no esperarán la conmiseración socialista para no empacar sus maletas y montar sus industrias en lugares más propicios para invertir.
Es lógico que esta historia se dé en nuestras tierras. Nadie puede nadar si no hay agua, ni jugar al básquet sin encestar. Lo peor que se puede pensar, sin embargo, es que todas estas acciones se deben al desvarío y a las “locuras” presidenciales. No, no y no. La tramoya obedece a un guión bien montado, folklórico sin duda, pero hecho por asesores muy calificados que saben a dónde van y cuáles son los pasos para llegar hasta el objetivo.
Desde esta tribuna siempre se ha enfatizado lo vital que es la propiedad privada (productiva, “explotadora”, “egoísta”, enriquecedora y tiránicamente liberal) como valor fundamental del Estado de Derecho. Sin ella, no hay libertad que valga.
La tarea primordial es transmitir este mensaje a los sectores más desfavorecidos, porque ellos serán los más perjudicados. ¿Cómo hacerlo ante la maquinaria comunista? No lo sé, pero ahí está el reto. Comenzó el ataque de la “sociedad planificada”. Ojalá Venezuela tenga un batallón de libertad para repeler la oleada. De lo contrario, estamos perdidos.
“Esto no es Cuba”, en más de una ocasión se escuchaba decir. Con esta expresión se da a entender que Venezuela estará destruida, sí cierto, pero que jamás su estado de putrefacción será el mismo que el de la isla caribeña, puesto que el petróleo no es azúcar, y la tierra que nos bordea no es el mar lleno de tiburones que circunda a La Habana.
Hay quienes apuestan a que la debacle económica terminará con la fantasía del socialismo del siglo XXI. Que el populismo misionero se hace insostenible con estos ingresos y pare usted de contar…
Por el contrario, creo que esta es una oportunidad de oro para el gobierno bolivariano. Cuba, Zimbaue y los demás países comunistas que restan en el mundo son reinados pobres. De este modo, si la revolución venezolana realmente quiere vivir su orgasmo marxista necesita empobrecernos, y qué mejor manera que hacerlo a través de la nacionalización de lo que queda de país.
Nadie produce a pérdida. Reglas del malvado mercado liberal. En consecuencia, cuando todo esté nacionalizado, las empresas del Estado tampoco podrán producir a pérdida, y para evitarlo, racionarán y disminuirán la producción. Habrá arepas a medio dólar americano, sí, pero sólo un puñado en la existencia de las areperas. El mismo patrón de conducta se repetirá con los alimentos básicos.
Los bancos son otras instituciones a las que hay que observar con cuidado. Si el gobierno no puede comprarlos porque se quedó sin dinero buscará adueñarse de ellos a través de una vía más barata. Creará rumores, habrá “corridas”. Declarada la quiebra, el Estado protector intervendrá a puertas cerradas y el resultado no será otro que…una nacionalización indirecta.
No crea la gente que con la nacionalización se hará justicia, que se habrá dado su merecido a los “especuladores” dueños de Polar. Esta empresa tendrá décadas en Venezuela, pero el capital no está atado al nacionalismo. Si no se puede producir harina pan en mi tierra, pero se hace rentable fabricarla en Bogotá o en Río, los empresarios no esperarán la conmiseración socialista para no empacar sus maletas y montar sus industrias en lugares más propicios para invertir.
Es lógico que esta historia se dé en nuestras tierras. Nadie puede nadar si no hay agua, ni jugar al básquet sin encestar. Lo peor que se puede pensar, sin embargo, es que todas estas acciones se deben al desvarío y a las “locuras” presidenciales. No, no y no. La tramoya obedece a un guión bien montado, folklórico sin duda, pero hecho por asesores muy calificados que saben a dónde van y cuáles son los pasos para llegar hasta el objetivo.
Desde esta tribuna siempre se ha enfatizado lo vital que es la propiedad privada (productiva, “explotadora”, “egoísta”, enriquecedora y tiránicamente liberal) como valor fundamental del Estado de Derecho. Sin ella, no hay libertad que valga.
La tarea primordial es transmitir este mensaje a los sectores más desfavorecidos, porque ellos serán los más perjudicados. ¿Cómo hacerlo ante la maquinaria comunista? No lo sé, pero ahí está el reto. Comenzó el ataque de la “sociedad planificada”. Ojalá Venezuela tenga un batallón de libertad para repeler la oleada. De lo contrario, estamos perdidos.
1 comments:
Tupi, tengo tiempo pensando en decirtelo...como me gustaria que en vez de comentar lo que ya paso, lo cual haces de una forma aguda y literaria, pasaras a la otra etapa, mas dificil pero es la que estamos esperando todos. Esa es la que tu inspirador Victor Frankl te hizo aprender, es decir, que nos ayudes a visualizar lo que tenemos que hacer para llegar al futuro mejor. No necesitas ser politico ni lider estudiantil para hacerlo...tu lo sabes bien. Atrevete.....
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